Los jóvenes huyen de la ingeniería: la caída del 33% en 20 años tiene razones de peso
No es una moda. Es un desgaste estructural. Las matriculaciones en ingeniería se han hundido un 33% en dos décadas, y mientras tanto las notas de corte en las politécnicas más prestigiosas siguen en máximos. La contradicción es solo aparente: los pocos que entran son los mejores, pero cada vez son menos los que quieren intentarlo. La pregunta es por qué.
Salarios y expectativas: el cálculo racional
Un ingeniero recién titulado puede empezar con 1.400 euros al mes tras cinco años de carrera. Mientras, una enfermera, con apenas 22 años y trabajando en doble turno, ingresa 4.000 euros. La diferencia es abismal. Y no solo eso: la responsabilidad civil y las horas de estudio no encuentran compensación en el mercado laboral español. Además, el coste de estudiar una ingeniería en una universidad pública ronda los 10.000 euros, una inversión que rara vez se recupera con los sueldos ofrecidos.
Un país sin industria, un futuro sin ingenieros
España es un país de servicios. El 75% del empleo se concentra en pymes, y en un taller típico apenas hay un ingeniero. Según algunas estimaciones, el 70% de los ingenieros acaban en tareas de gestión, no de diseño. La demanda estructural es limitada, y la industria se ha deslocalizado o ha desaparecido. En países como Alemania, el ingeniero es central en la economía; aquí, es un administrativo con carné técnico.
La contradicción: notas altas y caída de matriculaciones
Hay quien sostiene que el dato del 33% es falso. Se argumenta que la nota de corte en la Universidad Politécnica de Madrid está en máximos históricos, lo que indicaría que la demanda sigue existiendo. Pero la explicación es demográfica: hay menos jóvenes en edad universitaria, y los que hay están eligiendo otras opciones. La ingeniería sigue siendo una carrera exigente, pero ya no es el ascensor social que fue. La prueba está en que muchos estudiantes prefieren un grado de «colorines» antes que enfrentarse a las matemáticas.
La alternativa de la emigración y el efecto IA
Frente a esto, algunos ingenieros optan por emigrar. En Alemania o Francia, el salario es el doble. La inteligencia artificial también añade incertidumbre: si una máquina puede hacer el trabajo, ¿para qué estudiar? Pero los escépticos recuerdan que la IA no reemplaza la creatividad ni la resolución de problemas complejos. Sin embargo, la tentación de la FP y de las oposiciones sigue ganando terreno. Funcionarios, medicina, enfermería y, como decía un comentario, «only fans», son las salidas preferidas.
En China e India, la ingeniería es una meta deseada; aquí se ve como un mal trago. La diferencia no es genética, es económica. La degradación de la universidad, con grados de tres años y menos carga teórica, también ha reducido el prestigio.
Lo que está claro es que la tendencia no se invertirá por sí sola. Si la economía no se reindustrializa, si los sueldos no suben, y si las carreras técnicas siguen sin reconocimiento social, la caída de matriculaciones continuará. Y entonces, cuando no haya ingenieros propios, habrá que importarlos, como ya se hace con otros perfiles. La decisión es política, pero también cultural. La pregunta es si España quiere ser un país de ingenieros o de camareros.