Los hutíes de Sánchez (Fernando Navarro en El Hapañol)

Los hutíes de Sánchez (Fernando Navarro en El Hapañol)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Un artículo de Fernando Navarro publicado en El Español el 14 de octubre de 2026 sostiene que la izquierda ha construido una industria del activismo financiada con dinero público que funciona como estructura afín —proxy— de partidos como los Comunes, Sumar y el PSOE.

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Un artículo de Fernando Navarro publicado en El Español el 14 de octubre de 2026 sostiene que la izquierda ha construido una industria del activismo financiada con dinero público que funciona como estructura afín —proxy— de partidos como los Comunes, Sumar y el PSOE. El texto rastrea el origen del Sindicato de Inquilinas que organizó las acampadas en la Puerta del Sol de Madrid y lo sitúa en el Sindicat de Llogateres de Barcelona.

El concepto de guerra proxy viene de lejos. En una guerra proxy, una o ambas partes usan a terceros para atacar al rival sin exponerse directamente. Tras las protestas del Euromaidán, Putin armó a milicias prorrusas de Donetsk y Lugansk y les proporcionó tanques y armamento pesado, desestabilizando la región años antes de invadirla directamente. La guerra de Yemen, reanudada tras la tregua de 2022, enfrentó al bando gubernamental, proxy de Arabia Saudita, contra los hutíes, proxy de Irán, por la hegemonía de ambas potencias regionales. Irán mantiene además otros grupos proxy con los que hostiga a Israel, especialmente Hezbolá y, con menor grado de dependencia, Hamás. Este último caso es curioso porque Hamás es suní mientras que en Irán son chiitas, lo que demuestra que en estos asuntos el dinero pesa más que la religión.

Del Sindicat de Llogateres al Sindicato de Inquilinas

El término proxy también se usa en comunicación estratégica, y el artículo de Fernando Navarro lo traslada a la política española. El Sindicato de Inquilinas organizó las acampadas en la Puerta del Sol de Madrid para defender a Maricarmen, expulsada por los fondos buitre y la derecha. Ante la situación de la vivienda, sus portavoces dicen que «la calle ha hablado». El texto se pregunta quién es la calle.

Según el artículo, el origen de este movimiento «espontáneo» está en Barcelona, concretamente en el Sindicat de Llogateres, un proxy creado por Ada Colau y los Comunes. El Sindicat se nutre a través de tres vías. La primera es el Observatori Desca, definido como «centro de derechos humanos y laboratorio de ideas en defensa de los derechos sociales y la justicia ecológica», objeto social que le permite recibir variadas subvenciones. Según el artículo, en 2023 recibió 600.000 euros de Ada Colau. La segunda vía es la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). La tercera es el IDRA, Instituto de Investigación Urbana de Barcelona.

El IDRA y la captura de recursos públicos

El IDRA es, según el texto, una pieza fundamental en la captura de recursos públicos: ha recibido al menos 1,15 millones de euros desde diciembre de 2021, provenientes del Gobierno de España, la Generalitat de Cataluña y el Ayuntamiento de Barcelona. El mecanismo es sencillo. Se publican convocatorias con bases que especifican que las subvenciones se otorgarán a proyectos «transversales y de economía social y solidaria», o a aquellos dirigidos a «potenciar la emprendiduría digital liderada por mujeres y la innovación tecnológica en el cooperativismo». Ahí está el IDRA para recogerlas.

El IDRA cumple dos funciones importantes. La primera, proporcionar sueldos para liberados políticos que siguen instrucciones de los partidos sin estar públicamente adscritos a ellos. Ha tenido en nómina a dos portavoces del Sindicat de Llogateres, Jaime Ballester y Carme Arcarazo. El artículo recuerda que eso es lo que Íñigo Errejón describió en una intervención: crear una red para seguir viviendo del dinero público cuando te desalojan del poder. La segunda función es proporcionar apariencia de respaldo científico a las políticas que van a apoyar sus partidos patrocinadores.

Los tentáculos en Madrid y la reacción de Sánchez

El Sindicat de Llogateres es proxy de los Comunes y no puede manifestarse en un hábitat tan progresista como Barcelona. Por eso, como aliado de Sumar, lanza un tentáculo a Madrid en forma de Sindicato de Inquilinas. Yolanda Díaz le da la bienvenida. Allí desplaza a los proxy de Podemos, que han ido perdiendo poder. Irene Montero acudió personalmente a Sol.

La acampada también coge con el pie cambiado a Pedro Sánchez, a quien poner el foco en la vivienda no le va bien, según el artículo, porque lleva ocho años empeorando las cosas. El texto lo describe como maniobrero, cortoplacista y un jeta cósmico, y sostiene que se inventa lo de los dos decretos para intentar ponerse al frente de la manifestación organizada contra él. Como tiene sus propios proxy, los sindicatos, mucho mejor financiados que cualquier otra organización —el artículo afirma que Sánchez ha multiplicado por cuatro las aportaciones que les concede con dinero público—, los activa. Desaparecidos durante ocho años mientras el poder adquisitivo menguaba y el precio de la vivienda subía, anuncian súbitamente una huelga general. Contra la oposición, aclara María Jesús Montero. Y el artículo concluye que tiene razón.

Datos clave
  • El artículo de Fernando Navarro se publicó en El Español el 14 de octubre de 2026.
  • El Observatori Desca recibió 600.000 euros de Ada Colau en 2023, según el texto.
  • El IDRA ha recibido al menos 1,15 millones de euros desde diciembre de 2021 de Gobierno, Generalitat y Ayuntamiento de Barcelona.
  • El IDRA tuvo en nómina a Jaime Ballester y Carme Arcarazo, portavoces del Sindicat de Llogateres.
  • Sánchez ha multiplicado por cuatro las aportaciones a los sindicatos, según el artículo.
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Los hutíes de Sánchez​

14/10/2026

Fernando Navarro-El Español
  • La izquierda ha creado una industria del activismo que se nutre del dinero público y funciona como proxy de Pedro Sánchez.
En una guerra proxy, una o ambas partes usan a terceros para atacar al rival.
Por ejemplo, tras las protestas del Euromaidán, Pilingui armó a milicias locales prorrusas de Donetsk y Lugansk y les proporcionó tanques y armamento pesado. De este modo desestabilizó la región años antes de invadirla él directamente.
También la de Yemen, recientemente reanudada tras la tregua de 2022, fue una guerra entre el bando gubernamental, proxy de Arabia Saudita, y los hutíes, proxy de Irán, por la hegemonía de ambas potencias regionales.
Además de los hutíes, Irán mantiene otros grupos proxy con los que hostiga a Israel, especialmente Hezbolá y, con menor grado de dependencia, Hamás.
Este último caso es curioso porque Hamás son sunitas, mientras que en Irán son chiitas, lo que demuestra que en estos asuntos el dinero es más relevante que la religión.
El término proxy también se usa en comunicación estratégica, y procede incluirlo rápidamente en política. Fíjense en el Sindicato de Inquilinas, que ha organizado las acampadas en la Puerta del Sol de Madrid para defender a Maricarmen, expulsada por los fondos buitre y la derecha, que viene a ser lo mismo.
Ante la insoportable situación de la vivienda, nos cuentan, «la calle ha hablado». ¿La calle? ¿Quién es la calle?
Debemos a Arnau Borrás de E-Notícies y a ese hombre del Renacimiento que es Pedro Herrero haber rastreado el origen de este movimiento «espontáneo» que ha ocupado las calles. Curiosamente, aunque se manifiesten en Madrid, su origen está en Barcelona. Concretamente en el Sindicat de Llogateres, un proxy creado por Ada Colau y los Comunes.
A su vez el Sindicat se nutre a través de tres vías:
1. El Observatori Desca, un «centro de derechos humanos y laboratorio de ideas (think tank) en defensa de los derechos sociales y la justicia ecológica». Este admirable y amplio objeto social le permite ser receptor de variadas subvenciones, y, según Borrás, en 2023 recibió 600.000 euros de Ada Colau. Trinc the money.
2. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).
3. El IDRA, Instituto de Investigación Urbana de Barcelona. Esta es una pieza fundamental en la captura de recursos públicos: ha recibido al menos 1,15 millones desde diciembre del año 2021, provenientes del Gobierno de España, la Generalitat de Cataluña y el Ayuntamiento de Barcelona.
El mecanismo es sencillo. Se publican unas convocatorias con unas bases que especifican que las subvenciones se otorgarán a proyectos «transversales y de economía social y solidaria», o a aquellos dirigidos a «potenciar la emprendiduría digital liderada por mujeres y la innovación tecnológica en el cooperativismo», y ahí está el IDRA para recogerlas.
El IDRA, como tantas organizaciones que forman la red clientelar de los partidos, cumple dos funciones muy importantes.
La primera, proporcionar sueldos para «liberados» políticos, que siguen instrucciones de los partidos, pero sin estar públicamente adscritos a ellos (son proxy). De hecho, ha tenido en nómina a dos portavoces del Sindicat de Llogateres, Jaime Ballester y Carme Arcarazo (quédense con estos nombres).
Eso es exactamente lo que Errejón describió, con bastante ingenuidad, en una intervención memorable: debemos crear una red para seguir viviendo del dinero público cuando nos desalojen del poder.
La segunda función de IDRA es proporcionar una apariencia de respaldo científico a las políticas que van a apoyar sus partidos patrocinadores en cada momento, y por eso tenemos a Jaime Ballester impartiendo doctrina en las redes.
Es decir, la izquierda ha creado una industria del activismo, que se nutre del dinero público y funciona como proxy de los partidos.
Y ahora con esto se puede entender mejor la histeria social surgida «espontáneamente», «en la calle» por el caso Maricarmen.
El Sindicat de Llogateres es proxy de los Comunes, y no puede manifestarse en un hábitat tan pogre como Barcelona.
Por eso, como es aliado de Sumar, lanza un tentáculo a Madrid en la forma de Sindicato de Inquilinas; la propia Yolanda Díaz le da la bienvenida. Allí desplaza a los proxy de Podemos, que ya no tienen un duro porque han ido perdiendo poder, y por eso, en un intento de no perder el protagonismo, Irene Montero tiene que ir personalmente a Sol y gritar «soy fruta» a un guardia atónito.
Pero la acampada también coge con el pie cambiado a Pedro Sánchez al que, se mire como se mire, poner el foco en la vivienda no le va bien (lleva ocho años empeorando las cosas). Pero como es maniobrero, cortoplacista, y un jeta cósmico, se inventa lo de los dos decretos para intentar ponerse al frente de la manifestación que se ha organizado contra él.
Y como tiene sus propios proxy, los sindicatos, mucho mejor financiados que cualquier otra organización (recuerden que Sánchez ha multiplicado por cuatro las aportaciones que graciosamente les concede con nuestro dinero), los activa.
De este modo, desaparecidos durante ocho años mientras el poder adquisitivo menguaba y el precio de la vivienda subía, anuncian súbitamente una huelga general. Contra la oposición, aclara María Jesús Montero.
Y tiene razón.
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Fernadito, otro tertuliano de la caverna mediática, han apiolado el periodismo y ahora tenemos que aguantar a estos plumillas ganándose el pan de esta manera. Ojalá gane Sánchez con mayoría absoluta y les haga frente.
 

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