El verano en que los hosteleros de Alicante descubrieron que el turismo también tiene límites
¿Y si el problema no es que falten turistas, sino que los que vienen ya no tienen dinero para gastar? Según ha publicado Cadena SER, los hosteleros de Alicante acaban de encender todas las alarmas: ha sido el peor julio en años y agosto va por el mismo camino. No es un lloro cualquiera: la asociación Abreca de Benidorm, uno de los focos del turismo de la Costa Blanca, cifra la caída de facturación en un 7 u 8% respecto al verano anterior.
Oficialmente, España sigue batiendo récords de llegadas. El problema es que el turista que aterriza en El Altet ya no se comporta como antes. O quizá el que se queda en casa ha dejado de salir a cenar.
Precios de Suiza con salarios de España
Los números que circulan son demoledores. Una caña y un pincho de tortilla a 15 euros. Unas bravas a 8 o 9. Unos calamares a 15. Un menú normal en restaurante, entre 20 y 25 euros, y si se pide paella, tapas, sangría y postre, la cuenta se va a 40 por barba. El café a 2 euros, la horchata a 4.
La hostelería ha replicado en España la estructura de precios de Estados Unidos, Reino Unido o Suiza, países con un poder adquisitivo muy superior. El resultado: el español medio, el del alquiler que se come media nómina, ha hecho cuentas y ha decidido que el pincho de tortilla puede esperar. Ahora se queda en casa con el móvil, la tele y el Mercadona.
Y si el local se resiste, el turista también hace números. Una semana en Alicante cuesta ahora lo mismo que un mes en Tailandia, vuelos incluidos. Las noches de hotel han pasado de 180 euros por tres noches a más del doble. Con ese diferencial, la Costa Blanca empieza a competir en desventaja con destinos que ofrecen sol, playa y cambio de divisa.
Terrazas llenas, carteras vacías
Abreca lo resume con una frase que hará pupa: “Las terrazas se llenan, pero la gente está tiesa”. Los establecimientos trabajan con ocupación alta, pero el gasto por cliente se ha desplomado. Se pide una cerveza y el pincho se comparte, o se cena en el hotel y solo se baja a tomar un helado.
La presidenta de ARA apunta que los trabajadores de la limpieza de varios hoteles han visto cómo se sacan bolsas de comida procedente de supermercados a diario. Gente que cena en la habitación para no pagar el restaurante. Eso explica muchas cosas.
El sector tampoco ayuda. Faltan camareros, y eso obliga a cerrar zonas o días enteros, con la pérdida de ingresos que eso supone. Pero la solución no parece ser bajar los precios, sino todo lo contrario. Ya hay quien propone subir la cerveza a 50 euros para compensar. A ver si así vuelve el turismo de alto poder adquisitivo, que nunca se sabe.
Mientras tanto, los hosteleros lloran, los clientes aprietan el cinturón y Alicante descubre que el turismo no es una industria cualquiera: cuando el dinero escasea, la primera víctima es la paella de 40 euros.