La Costa Blanca llena de turistas, las terrazas vacías: el julio que no cuadra
En la Costa Blanca este verano cabe un alfiler en la arena, pero en las terrazas hay sitio de sobra. La ocupación hotelera marca cifras de récord; la facturación de bares y restaurantes, no. Los hosteleros de Alicante han encendido las alarmas: el consumo por turista se ha desplomado y el julio que acaba de pasar ha sido el peor en años. Agosto, avisan, va por el mismo camino.
Menos poder adquisitivo, menos consumición
Las asociaciones hoteleras coinciden en el diagnóstico: el turista, nacional o internacional, llega con el bolsillo más justo y recorta el gasto discrecional. Los grandes datos de ocupación no se traducen en caja. El sector esperaba que la llegada de visitantes salvara el verano; lo que ha encontrado es una multitud que pasea, mira la carta y pide, cada vez más a menudo, solo una bebida o nada.
La tormenta perfecta: precios al alza y raciones menguantes
El sector lleva años subiendo precios —se citan incrementos del 30% y hasta del 50% en dos o tres campañas— y, al mismo tiempo, encogiendo el plato: raciones con un 30% menos de cantidad y más aire o rebozado. Hay quien lo resume como la tormenta perfecta: cuando el cliente percibe que le meten el clavo, hasta el turista con dinero se lo piensa dos veces. Mientras, el supermercado se convierte en el nuevo establecimiento hostelero de referencia.
Libre mercado, sí, pero solo cuando aprieta al de enfrente. Ahora que aprieta al propio sector, la queja es unánime. El paralelismo con agosto de 2007, con las terrazas llenas justo antes de la gran crisis, invita a mirar de reojo la próxima factura. Ojalá el turista de septiembre pague lo que no se recaudó en agosto. Será por costumbre.