La esterilización de gatos: una ley que nadie se atreve a criticar
La Ley de Bienestar Animal obliga a esterilizar a los gatos de compañía antes de los seis meses. En paralelo, los ayuntamientos financian campañas de esterilización de colonias callejeras en colaboración con asociaciones animalistas. Y sin embargo, la medida apenas genera debate público. Nadie la critica. O casi nadie.
El coste oculto de las subvenciones
Las asociaciones que ejecutan estas campañas son las mismas que se oponen a las corridas de toros. Reciben dinero público para esterilizar gatos. Hay quien ve ahí una incoherencia: se defiende la vida del toro y se esteriliza al gato como especie. El argumento es simple: la esterilización empeora la salud de los gatos y, a largo plazo, podría llevar a su desaparición.
La otra cara: las peleas en celo
Quien convive con una colonia felina sabe que el celo es un espectáculo duro. Peleas nocturnas, chillidos que dan pavor, gatos que aparecen reventados, tuertos o sin orejas. La esterilización evita ese sufrimiento y reduce la población. Pero el debate no se cierra: ¿es una medida sanitaria o un control poblacional que roza el exterminio? Las subvenciones públicas son la clave, y nadie aporta cifras.
El análisis se atasca ahí. Sin datos sobre el coste de las campañas ni sobre el impacto real en la salud felina, la discusión queda en opiniones. Mientras tanto, los gatos siguen siendo esterilizados.