Subvenciones a ONG: el caso de Ceuta y el pulso del dinero público
Una organización no gubernamental señalada por las informaciones publicadas en torno a una supuesta compra de material explosivo vinculada a los sucesos de Ceuta aparece también relacionada, según esos mismos relatos periodísticos, con el entorno independentista catalán. Conviene subrayarlo en la primera línea: de esas acusaciones no consta confirmación judicial alguna. Lo que ha encendido el foco no es el presunto delito, sino quién paga la factura. Buena parte de la estructura de estas entidades se sostiene sobre subvenciones públicas.
Cuánto dinero público sostiene al tercer sector
El núcleo del malestar está en la caja. Se argumenta que una entidad que recibe fondos de administraciones estatales, autonómicas y locales no debería poder operar con la opacidad que permite el actual sistema de subvenciones. La crítica señala tres agujeros: la ausencia de un registro obligatorio de las organizaciones con financiación exterior, la dificultad de auditar en qué se gasta cada euro y la falta de consecuencias cuando el destino del dinero no cuadra.
Motosierra total o auditoría: dos formas de cortar
Hay al menos dos corrientes de análisis. La más dura propone llevar la partida a cero: ninguna ONG, por ley, debería recibir un euro de comunidades autónomas ni de cualquier organismo público. Una segunda, más quirúrgica, apuesta por mantener el grifo pero con condiciones —registro obligatorio, fiscalización real y transparencia—, sosteniendo que el problema no es que existan subvenciones, sino que nadie vigile a dónde van.
El problema de fondo es sencillo de enunciar y difícil de resolver: en pocos países el contribuyente financia con su nómina a organizaciones que después defienden causas que una parte de ese mismo contribuyente rechaza. Poner cifra a ese descontento es lo único que ninguna auditoría ha hecho todavía.