15% frente a 8%: los gallegos duplican en herencia norteafricana a los andaluces, según datos genéticos recientes
La pregunta suena a provocación de taberna, pero tiene un fondo histórico y científico que merece la pena examinar sin cortapisas. Un análisis de estudios genéticos publicados en foros especializados señala que el noroeste peninsular —Galicia y Portugal— concentra los mayores porcentajes de ascendencia norteafricana de toda la Península Ibérica, superando claramente a Andalucía. Las cifras, si se confirman, darían la vuelta al mapa mental de «cuanto más al sur, más moro».
Según los datos manejados, Galicia presenta un 15% de componente norteafricano, Portugal un 18% (más un 4% subsahariano), Extremadura un 11% (más 3% subsahariano), mientras que Andalucía se queda en un 8% y Valencia en un 5%. La explicación no está en la invasión musulmana del 711, sino en la romanización. Las minas del noroeste atrajeron a trabajadores y soldados norteafricanos durante los siglos I al V d.C., como demuestran los yacimientos de Miroico (hasta un 40% de ADN norteafricano) y Conimbriga (17%).
El mito celta frente a la evidencia genética
La autoimagen gallega como «pueblo celta» choca con estos números. Durante décadas, el discurso identitario ha subrayado los lazos con Irlanda y Escocia, basándose en la música, la gaita y ciertos topónimos. Sin embargo, los análisis de ADN autosómico sitúan a Galicia y Portugal como las regiones con mayor influencia norteafricana de Europa, muy por encima de las zonas que estuvieron bajo dominio islámico durante más tiempo.
La paradoja se explica por un doble proceso: primero, la colonia romana trajo mano de obra bereber para la minería del oro (Las Médulas, explotaciones en el noroeste); segundo, durante la Reconquista, los moriscos y bereberes que colaboraron con los reinos cristianos fueron desplazados deliberadamente hacia el oeste —lejos de la costa mediterránea, vulnerable a nuevas invasiones—, asentándose en Galicia y el oeste de Castilla. Un patrón de poblamiento que, según algunos historiadores, explica el gradiente este-oeste, no norte-sur.
La defensa del relato celtista
Frente a esta corriente, hay quien sostiene que las pruebas genéticas no son concluyentes. Se argumenta que el «componente norteafricano» puede ser en realidad herencia neolítica temprana o de poblaciones del Cáucaso (Zagrosian), y que los porcentajes citados provienen de estudios con muestras pequeñas o metodologías discutibles. Además, el fenotipo —aspecto físico— no se corresponde necesariamente con el genotipo: en Lugo y La Coruña hay tantos rubios de ojos claros como en el norte de Europa.
Otro punto recurrente es que el ADN norteafricano está también muy presente en Portugal y Extremadura, lo que indicaría que el factor determinante no es el «moro» en sentido estricto, sino los flujos poblacionales de la antigüedad tardía. La tesis celtista, aunque debilitada, sigue teniendo defensores que apelan a la cultura material (castros, toponimia) y a la tradición histórica.
Con estos datos sobre la mesa, la discusión trasciende el mero enfrentamiento regional. Revela cómo los relatos identitarios pueden construir una realidad que la genética desmiente, y cómo la historia —con sus movimientos de población apenas documentados— sigue devolviéndonos sorpresas. El lector que quiera profundizar encontrará en los análisis completos un desglose partida a partida de los estudios genéticos y los mapas de poblamiento romano.
Debates relacionados en el foro