Bruselas llama a movilizar las viviendas vacías e infrautilizadas
Diego tiene 73 años y vive en una casa rehabilitada dentro de un programa de Provivienda. No piensa moverse. «Como la casa de uno no hay nada», dice. Su caso no es una excepción: el
88% de los mayores de 65 años que residen en su propio hogar prefiere recibir ahí los cuidados. Y ahí arranca un asunto que Bruselas acaba de poner negro sobre blanco.
Según el informe Housing in Europe 2025 de Eurostat, el
55% de la población española vivía en 2024 en viviendas consideradas demasiado grandes para las necesidades de su hogar. La media de la Unión Europea es del 33%. No es una rareza estadística: es la fotografía de un parque inmobiliario envejecido, con hijos que se independizan y progenitores que se quedan con las habitaciones vacías.
¿Por qué hay tantas casas infrautilizadas en España?
Porque la casa se ocupa, pero no se llena. En los hogares encabezados por mayores de 65 años la vivienda sobredimensionada supera el
75%, frente al 47% de media europea. Hay razones afectivas —el 88% citado— y razones prácticas: servicios, arraigo, vecindario. Y hay una capa económica que el estudio de Provivienda
Una llave para nuestro futuro deja a la vista: el 10,7% de los hogares de mayores de 65 años no cubre bien sus gastos tras pagar la vivienda en propiedad.
El resultado es un mercado tensionado por arriba y por abajo. Sobran metros en unos domicilios y faltan en otros. Y la correa de transmisión no funciona: quien tiene cinco habitaciones no se muda a un piso de dos por recomendación administrativa.
¿Qué plantea el Plan de Vivienda Asequible de la UE?
El comisario de Energía y Vivienda,
Dan Jorgensen, presentó el primer Plan para la Vivienda Asequible de la Unión con una idea central: no desperdiciar nada de lo ya construido. «Lo que tenemos que hacer es que ni un solo metro cuadrado del parque inmobiliario actual se eche a perder», señaló. El arsenal incluye viviendas vacías —el
20% del parque europeo—, locales comerciales reconvertidos, reformas y densificación.
Los números que acompañan al plan fijan la magnitud: la Comisión estima que hacen falta
650.000 viviendas más al año durante la próxima década para eliminar el déficit de oferta, con un coste de unos 150.000 millones de euros. Y un compromiso que suena a música celestial para cualquiera que haya pedido una licencia: reducir la burocracia, tanto para construir como para reformar.
Vivir más no siempre es vivir mejor
Aquí llega el giro incómodo. España presume de esperanza de vida: 84 años frente a los 81,3 de la media de los 27. Pero la esperanza de vida saludable —los años que se viven sin limitaciones significativas— se quedaba en
62 años en 2023, por debajo de la media europea y sin recuperar los niveles previos a la pandemia.
La vivienda no es un detalle en esa ecuación. El 34,7% de los mayores de 65 años que residen en su casa declara algún tipo de limitación, y el 10,5% la califica de grave, según la Encuesta de Características Esenciales de la Población y las Viviendas del INE. Entre los mayores de 85, uno de cada cuatro se considera gravemente limitado. El informe de Provivienda lo resume sin adornos: la voluntad de quedarse en casa choca, en muchos casos, con la accesibilidad real del inmueble.
El choque que viene
Poner el foco en las casas infrautilizadas tiene un efecto colateral: convierte un dato estadístico en un conflicto entre grupos. En el debate hay quien sostiene que movilizar lo ya construido es la vía más barata para bajar precios, frente a quienes responden que ningún decreto puede obligar a nadie a dejar la casa de toda la vida. Y quienes insisten en que el problema no se resuelve repartiendo metros, sino construyendo los que faltan.
El detalle que descoloca es que las dos cifras conviven en el mismo documento europeo: sobra un 20% de vivienda y faltan 650.000 al año. Recuperar lo que ya existe sin exprimir a quien vive en ello es, por ahora, un verbo sin conjugación clara.