Tombuctú, 115.000 habitantes en el siglo XIV y 700.000 manuscritos
Según el relato difundido, en 1324 una caravana de 60.000 personas cruzó el Sáhara camino de La Meca. La encabezaba Mansa Musa, emperador de Malí, y llevaba tanto oro que al llegar a El Cairo el precio del metal se desplomó durante una década. Siete siglos después aquel episodio sigue alimentando una discusión que desborda la historia: cuánto hubo de esplendor real en el África occidental medieval y cuánto de relato construido a posteriori.
Los datos que sostienen la primera parte son abundantes. Según ese mismo relato, el imperio de Malí producía
más de la mitad del suministro mundial de sal y oro. Su emperador, fallecido en 1331, habría acumulado una fortuna cifrada en el equivalente a
400.000 millones de dólares. Y su capital cultural albergaba, según las estimaciones más repetidas, unos 115.000 habitantes: cinco veces la población del Londres medieval.
El imperio que producía más de la mitad de la sal y el oro del mundo
El relato que circula sitúa en el siglo XIV tres polos de riqueza: China, Irán e Irak y el imperio de Malí. De los tres, solo el africano habría conservado la independencia, mientras los otros dos caían bajo las tropas mongolas. Ese mismo relato le atribuye un territorio que abarcaba lo que hoy son Malí, Senegal, Gambia y Guinea, y una producción de sal y oro que, según estas fuentes, representaba más de la mitad del suministro mundial.
La peregrinación a La Meca de 1324 se cita como prueba de esa capacidad. No fue solo una demostración de fe: fue una operación logística de 60.000 personas y un volumen de oro suficiente para desestabilizar los precios en Egipto durante años. Según el mensaje inicial, National Geographic describió la ciudad como
el París del mundo medieval, y el profesor Henry Louis Gates sostiene que por sus aulas pasaron 25.000 estudiantes universitarios.
Tombuctú, ¿cinco veces más grande que el Londres medieval?
La comparación demográfica es el eje de todo. Frente a los 115.000 habitantes atribuidos a Tombuctú, se sitúa el Londres del siglo XIV como una villa considerablemente menor. El contraste con el presente es aún más brutal: hoy la ciudad sería
236 veces más pequeña que la capital británica, con una población que, según estas mismas fuentes, sería la mitad que hace cinco siglos.
Hay quien matiza el marco. Londres podía ser una aldea, pero en la Península Ibérica existían Granada, Córdoba, Toledo o Salamanca como centros culturales y de comercio de primer orden, y en el resto de Europa ocurría algo parecido. Para esta corriente, la Europa del siglo XIV ya había desarrollado el reloj mecánico, un artefacto tecnológico sin equivalente en el Sahel. La comparación, según esta corriente, se hace contra el peor ejemplo posible.
700.000 manuscritos y el papel de los arma
El patrimonio documental es el argumento más sólido. En Tombuctú se conservarían cerca de
700.000 manuscritos en lenguas como el mandé, el fulani o el sudaní, con contenidos de matemáticas, medicina, poesía, derecho y astronomía. El profesor Ahmed Baba, del siglo XVI, consideraba su biblioteca de 1.600 volúmenes la más pequeña de entre las de sus amigos. En Chinguetti y Oudane se conservan 3.450 libros medievales; unos 6.000 en Walata y 11.000 en colecciones privadas de Níger.
Sobre quién los escribió hay una segunda disputa. Según una lectura difundida en el debate, Tombuctú estuvo controlada entre los siglos XVI y principios del XIX por una casta de moriscos expulsados de España, conocidos como
los arma. Buena parte de ese esplendor cultural, sostiene esta lectura, sería obra suya, y muchos manuscritos estarían escritos en castellano con caligrafía árabe. Según ese mismo relato, cuando en 2012 un grupo islamista tomó la ciudad y comenzó a quemar manuscritos, se organizó una misión para ponerlos a salvo en Jerez y Toledo, donde seguirían depositados.
¿Llegaron los marineros malienses a América en 1311?
El punto más discutido es el de las expediciones atlánticas. El relato cita a un erudito egipcio, Ibn Al-Fadl Umari, que publicó hacia 1342 el relato de dos grandes travesías ordenadas por el predecesor de Mansa Musa, identificado por autores modernos como Mansa Abubakari II. Según esa versión, marineros malienses habrían alcanzado América en 1311,
181 años antes que Colón. La obra de Robin Walker
Cuando gobernábamos es la referencia habitual de este capítulo.
El contraargumento es geográfico y difícil de esquivar: si disponían de esa capacidad naval, ¿por qué no alcanzaron Cabo Verde, el archipiélago que tenían a 750 kilómetros de sus costas y que, según un participante, los portugueses encontraron deshabitado? Es el tipo de objeción que no cierra el debate, pero lo descoloca.
Qué destruyó realmente Tombuctú
La decadencia tiene varias causas superpuestas. Un participante apunta a una comercial: la ruta sahariana de caravanas perdió peso cuando la navegación europea abrió la vía atlántica y se fundaron factorías fortificadas en la costa occidental africana. Otra es hídrica: hay quien apunta al cambio de curso del río que abastecía la ciudad como origen del declive, un problema que otras urbes resolvieron trasladándose o reencauzando el cauce.
Y una tercera es política y reciente. En 2012, en el contexto de la rebelión tuareg, la ciudad cayó en manos del Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad y el patrimonio cultural fue objeto de destrucción. Atribuir la ruina completa a una intervención europea es, cuando menos, una simplificación que ignora cinco siglos de historia.
El dato que descoloca no es el de los 400.000 millones ni el de los 700.000 manuscritos. Es que una ciudad que fue cinco veces Londres tenga hoy menos habitantes que hace quinientos años, sin que ninguna de las explicaciones disponibles —ni el río, ni las rutas, ni las guerras— baste por sí sola para explicarlo.