España en los 80: paraíso del microordenador de 8 bits, desierto de consolas
España fue el segundo mayor productor mundial de juegos de ordenador en los años 80, y sin embargo, un IBM PC costaba más de un año de salario mínimo. La paradoja de una década que vio nacer una potente industria local de software, pero donde la tecnología de consumo seguía siendo un lujo para la mayoría.
El boom de los 8 bits: Spectrum, Amstrad y Commodore reinaban
ZX Spectrum, Amstrad CPC, Commodore 64: estos nombres evocan la informática doméstica de los 80 en España. El Corte Inglés, principal distribuidor, vendía masivamente estos equipos. Los precios oscilaban entre 50.000 y 90.000 pesetas según modelo y periféricos. En 1984, el salario mínimo interprofesional era de 34.890 pesetas al mes; un Macintosh costaba el equivalente a 13 meses de sueldo. Aun así, muchos hogares tenían uno, alimentado por la piratería en cassettes y la posibilidad de jugar a títulos que en los quioscos costaban 500-800 pesetas.
Consolas: llegada tardía y cara de los cartuchos
Las consolas como NES y Master System no llegaron oficialmente a España hasta 1987. Antes, solo existían máquinas PONG y clones. Los cartuchos eran más caros que los cassettes, lo que frenó su adopción frente a los ordenadores. Sin embargo, a finales de los 80 los clones de NES (Famiclones) con cientos de juegos integrados empezaron a popularizarse. Los salones recreativos seguían siendo el principal punto de encuentro para jugar.
La edad de oro del software español
España fue el segundo mayor productor de juegos de ordenador del mundo en los 80, solo por detrás del Reino Unido. Empresas como Dinamic, Topo Soft o Microïds crearon títulos legendarios. El Corte Inglés incluso desarrolló un modelo exclusivo de Sinclair Spectrum. Esta efervescencia decayó en los 90 con la llegada de los 16 bits y el dominio de las consolas, pero marcó una generación.
¿Por qué, con semejante industria local, el ordenador personal no se convirtió en un electrodoméstico hasta bien entrada la década siguiente? La respuesta tiene tanto de económica como de cultural: mientras en Reino Unido el Spectrum era casi un juguete obligado, en España la renta disponible y la prioridad del piso en propiedad marcaban otro ritmo. El debate sobre si aquella fue una edad de oro o un espejismo sigue abierto.