Eclipse y economía: la semana en la que el mal augurio se hizo cargo
Con el eclipse solar como telón de fondo y el arranque del curso escolar, la conversación económica de la semana ha girado en torno a una sucesión de disgustos laborales. Despidos fulminantes, una plaza de funcionario en el aire por un proceso judicial y el miedo a que la rueda siga girando.
El caso más llamativo es el de un trabajador en Suiza que esperaba un ascenso y, de pronto, se ha enterado de que su empresa ha prescindido del 30% de la plantilla. No es un augurio: es una reestructuración. Pero la coincidencia de varios episodios en un corto espacio de tiempo alimenta la idea de que el eclipse ha traído lo que las culturas antiguas temían.
Superstición y mercado laboral
La superstición sigue viva, especialmente en tiempos de incertidumbre. Cuando el empleo depende de decisiones empresariales opacas y de procesos judiciales sobre plazas públicas, cualquier excusa es buena para canalizar la angustia. La pérdida de 25 euros en una tragaperras o el hallazgo de un billete de 5 euros en el supermercado convierten el mal humor en mala suerte. Hasta el excremento canino encuentra su hueco en la lista de presagios.
Lo cierto es que ningún eclipse ha despedido a nadie. Son las empresas, los tribunales y la economía real quienes lo hacen. La ansiedad que se proyecta sobre el cielo tiene una raíz mucho más terrenal: la fragilidad del empleo. Y lo que no explica nadie es por qué, con las explicaciones racionales sobre la mesa, seguimos mirando al astro como culpable. Quizá porque la economía no ofrece chivos expiatorios tan visibles.