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Será en Octubre
Los dos millones de pobres…
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El elevado coste del alquiler en España ha creado una "pobreza oculta" que afecta a casi dos millones de personas, según un estudio de Fedea. Quienes viven de alquiler son especialmente vulnerables a caer bajo el umbral de la pobreza una vez descontado el gasto de la vivienda.
El precio de los alquileres en España se ha convertido en una trampa para muchos, empujando a casi dos millones de personas a una situación de "pobreza oculta". Esto significa que, aunque sus ingresos iniciales no los clasifiquen como pobres, el desembolso mensual para tener un techo se los termina convirtiendo. Es un fenómeno que está reconfigurando el panorama social del país, especialmente para quienes residen en régimen de alquiler.
La realidad para muchos jóvenes españoles dista mucho de la que vivieron sus padres. Mientras que generaciones anteriores podían aspirar a tener una casa comprada a una edad similar, hoy en día el acceso a la vivienda se ha vuelto una odisea. Un ejemplo es Lucía, de 25 años, que vive en Madrid. A pesar de tener un sueldo "no está mal" como community manager, el alquiler de 1.300 euros mensuales que comparte con su pareja le supone un esfuerzo considerable. Su parte, cercana a los 650 euros, representa un 41,5% de su sueldo neto en 14 pagas, superando con creces el umbral recomendado por los expertos. "Los salarios están bajos y los alquileres muy altos", lamenta, recordando que antes solo podía permitirse un alquiler más bajo porque su casera era su tía y le cobraba por debajo del mercado.
Esta situación se agrava al considerar que cada vez más españoles optan por el alquiler. Actualmente, representan el 17,1% de la población, y los precios no paran de subir. El estudio "El Coste de la Vivienda y la Pobreza Oculta en España: 2014-2025", publicado por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), revela que uno de cada cuatro inquilinos que inicialmente no son pobres, pasan a serlo una vez que pagan el alquiler. Si la pobreza convencional afecta al 32,8% de quienes viven de alquiler a precio de mercado, esta cifra se dispara hasta el 49,9% tras descontar el coste de la vivienda.
El análisis de Fedea arroja datos contundentes sobre cómo el pago del alquiler merma la capacidad económica de los hogares. Si se considera la pobreza convencional, que se mide por la renta disponible, la tasa en España se sitúa en el 19,5%. Sin embargo, al descontar el coste de acceder a una vivienda, ya sea en alquiler o en propiedad, esta tasa asciende al 23,5%. Esto se traduce en aproximadamente 1,95 millones de personas en situación de "pobreza oculta". Esta cifra ha aumentado desde los 1,71 millones registrados en 2014.
Dentro de este grupo, hay unas 220.000 personas que no solo cruzan la barrera de la pobreza, sino que después de afrontar el gasto de la vivienda caen por debajo del umbral severo, que se sitúa en el 40% de la mediana de la renta. Este fenómeno es una consecuencia directa de la escalada de precios que ha experimentado el mercado inmobiliario en los últimos años, especialmente desde la pandemia. Los alquileres han alcanzado máximos históricos, mientras que las compraventas se acercan a los niveles de la burbuja de 2008, todo ello con unos salarios que crecen a un ritmo mucho más lento.
Junto con los inquilinos, los jóvenes y los migrantes son los colectivos que afrontan una mayor vulnerabilidad a la hora de hacer frente al coste del alojamiento. Las personas que residen en zonas con mercados residenciales más tensionados también se ven especialmente afectadas. Martín, de 27 años, psicólogo con empleo estable en Madrid, comparte esta preocupación. Su alquiler de 660 euros mensuales, más gastos, supone el 32% de su salario. La situación se complica aún más al finalizar su contrato a finales de año, ya que su casero planea subir el alquiler a al menos 700 euros más gastos, a pesar de compartir piso con otras tres personas.
La dificultad para acceder a una vivienda digna afecta directamente al bienestar emocional de los jóvenes. Según el Índice EAE de esfuerzo inmobiliario, publicado por EAE Business School, dos de cada tres jóvenes, especialmente inquilinos, reconocen que el coste de la vivienda impacta negativamente en su estado de ánimo. Esto les obliga a recortar gastos en ocio y actividades sociales, que son fundamentales para su calidad de vida. "Llega un punto en el que tienes que elegir. No hablo de aislarse totalmente, pero sí prescindir de otros planes", explica Martín.
La disparidad entre el aumento de los alquileres y el de los salarios es alarmante. Un estudio de Infojobs y Fotocasa de 2025 indicaba que el precio del alquiler había subido casi un 7%, mientras que los salarios solo lo hicieron un 1%. Esta brecha genera una sensación de retroceso y dificulta enormemente la planificación a futuro. "Es una cuestión de sociedad que nos afecta a todos y debería haber más regularización", concluye Martín, reflejando una demanda generalizada de políticas que aborden esta problemática.
El estudio de Fedea también señala el efecto contrario: si se tiene en cuenta el beneficio económico de quienes disfrutan de una vivienda sin pagar alquiler de mercado, alrededor de 3,38 millones de personas que aparecen como pobres según su renta monetaria dejarían de serlo. Este efecto se concentra principalmente entre propietarios de mayor edad sin hipoteca, lo que pone de manifiesto la dualidad del mercado inmobiliario y su impacto diferenciado en la población.
Los dos millones de pobres…