AliExpress exige selfie para comprar tijeras: ¿protección o intrusión?
Un usuario intenta comprar unas tijeras en AliExpress y se encuentra con una pantalla inesperada: antes de completar la compra, la plataforma le exige verificar su edad a través de un servicio de terceros que le pide mostrar su cara a la cámara. No es contenido para adultos, sino productos cotidianos como cuters o tijeras. La imagen del producto aparece borrosa y al intentar añadirlo al carrito salta un sistema de verificación de edad que redirige a un proveedor externo.
La reacción de los afectados oscila entre la sorpresa y la indignación. Algunos señalan que se trataría de un requisito impuesto por normativa española, no china, aunque la medida parece aplicarse de forma errática: mientras unos usuarios la experimentan, otros afirman haber comprado sin problemas el mismo día.
La explicación oficial apunta a un control destinado a evitar que menores adquieran determinados productos, pero la implementación genera dudas. Las tarjetas prepago permiten a menores de edad realizar pagos, por lo que la verificación de edad sería un filtro adicional. Sin embargo, su aplicación selectiva y la cesión de datos biométricos a terceros sin transparencia sobre su uso dispara las alarmas.
Algunos usuarios han intentado eludir el control mediante VPN o incluso con técnicas de faceswap mediante IA, aunque el sistema podría requerir también el DNI, lo que complica la suplantación. La medida, que parece haberse introducido en los últimos meses, se suma al IVA del 21% que ya soportaban los pedidos extracomunitarios, aumentando la fricción en una plataforma que hasta ahora funcionaba sin trabas.
¿Es realmente una protección infantil o un control adicional?
La normativa española de protección al menor en compras online es ambigua respecto a productos no clasificados como peligrosos. Tijeras y cuters son objetos de uso común que no requieren edad mínima en tiendas físicas. La decisión de AliExpress de imponer esta verificación parece más una precaución empresarial que un mandato legal claro. La falta de comunicación oficial y la variabilidad de la experiencia de compra —unos sí, otros no— sugiere que se trata de un piloto o de un sistema mal implementado.
Mientras tanto, los usuarios habituales de la plataforma ven cómo su experiencia de compra se burocratiza. La verificación facial para un producto de pocos euros genera una desproporción que alimenta el malestar. La tendencia hacia mayor control en las transacciones online choca con la inmediatez y anonimato que muchos valoran en el comercio electrónico.
El dato que descoloca: quienes han logrado evitar la verificación no lo hacen por sortear la ley, sino que el propio sistema no siempre la activa. Incluso para el mismo producto, el filtro puede aparecer o no. Así que la supuesta protección es, en la práctica, un parche arbitrario.