De todos los tipos de inmi gración que hay en España los chinos son los que menos me preocupan con diferencia.
Eso de que pint precios y arruinan negocios tradicionales y tal, vale, sí, lo entiendo, pero en el fondo no es más que una excusa que suelen poner los pequeños empresarios españoles que están apoltronados en su rutina diaria.
Me explico.
Hoy en día vivimos en un mundo globalizado, donde todos tenemos las mismas oportunidades para pogre en la vida, sin importar nuestra nacionalidad (al menos en los países desarrollados). Teniendo en cuenta esa premisa, es lógico y es justo que los que más pogre sean los que más se esfuerzan con su sacrificio personal, y esa, señores, es precisamente una de las principales cualidades del pueblo chino.
Un señor español que tiene un pequeño negocio de productos textiles, ¿qué sacrificio ha tenido que hacer para poner en marcha su actividad? Pues ha tenido que hacer una inversión económica, una serie de trámites burocráticos y asumir un riesgo. Sí, hay que reconocer que este señor ha hecho un esfuerzo considerable.
Ahora pongamos el caso de un chino que llega y pone una tienda en la misma calle y le empieza a quitar clientes al español porque vende a mucho mejor precio. ¿Es eso justo o injusto?
Pues en mi opinión, es totalmente justo. Porque el chino, además de hacer los mismos esfuerzos que ha hecho el español para iniciar la actividad, ha hecho el sacrificio de abandonar su país, de aprender un idioma muy diferente al suyo y de adaptarse a una sociedad y una cultura completamente ajenas.
Nada ni nadie le impide a ese pequeño empresario español hacer lo mismo que ha hecho el chino, es decir: aprender chino, irse a China y atreverse a montar un negocio allí. De hecho, cada vez hay más españoles que se van allí porque han sabido darse cuenta de que es un mercado con futuro y han sido lo suficientemente valientes como para dar el paso (y seguramente más que habrá en el futuro con el panorama nacional que se nos viene encima).
El que no es valiente ni quiere hacer sacrificios ni quiere molestarse en aprender idiomas o cosas nuevas, no tiene derecho a quejarse ante quién sí lo ha hecho. Lo de la nacionalidad no es más que una excusa ya que vivimos en un mundo globalizado y ese mundo es exactamente el mismo para todos, ya seamos europeos, chinos o indios sioux, por lo que no tiene razón de ser ir a buscar a papá Estado para que le salve el negocio que le están "arruinando" esos "desleales".
Si estos empresarios que se quejan decidieran un día irse a China y empezar a vender allí aceite de oliva, jamón serrano, etc. (ejemplso de productos que allí tienen un precio mucho más alto que aquí), seguro que después de todo el sacrificio que han tenido que hacer no les gustaría que apareciese el gobierno chino en plan Deus ex-machina y les cerrase su establecimiento sólo por ofrecer un precio más competitivo a los clientes.
Cada cual tiene todo el derecho del mundo a buscarse las habichuelas como buenamente pueda. Lo que pasa es que los españoles hemos tenido siempre un problema, y es que nos pasamos la vida mirándonos al ombligo, sólo pensamos en nosotros mismos, no somos capaces de ponernos en el lugar de otras personas y muchos menos de comprenderlas.