Querella anunciada por los bulos sobre el portavoz de los inquilinos
¿Cómo se sostiene el liderazgo de una protesta por el precio del alquiler cuando tu apellido aparece vinculado a una constructora? Esa es la pregunta que ha empujado a
uno de los líderes de la acampada por la vivienda, portavoz del Sindicato de Inquilinas, a anunciar una querella contra quienes difunden, según él, bulos sobre su persona. La amenaza tiene un problema de forma, según sus críticos: el texto con el que responde
no desmentiría ninguno de los datos concretos que se le atribuyen. Y los datos, gusten o no, siguen sobre la mesa.
¿Qué datos se han publicado sobre el portavoz de los inquilinos?
Lo que él mismo admite es que es
nieto de un marqués y su propia versión sobre la nómina: percibe lo que llama «un sueldo medio en Madrid». Según los datos que circulan en el hilo, su abuelo fue
ministro en los años 70 y catedrático de Derecho Mercantil en la misma facultad donde él ejerce la docencia, sus padres viven en
El Viso, uno de los barrios de renta más alta de Madrid, y figura como
apoderado de una empresa constructora familiar con sede en la calle Concha Espina. Para un rostro que reclama vivienda asequible, el currículum tiene su punto.
El perfil suma capas, según quienes lo repasan: funcionario de profesión, docente universitario de formación, nieto de un alto cargo de los años 70 y, a la vez, enlace mercantil de la sociedad familiar. Cada capa por separado admite una explicación inocente. Juntas dibujan a alguien que, sin haberlo pedido, encarna justo lo que dice combatir.
El descargo que no desmiente nada
La respuesta pública, publicada en un medio afín, no entró al fondo, según los críticos. No aclaró qué afirmación concreta considera falsa, ni exigió a nadie una rectificación con nombres, ni desglosó patrimonio alguno. Un descargo que no niega se parece peligrosamente a una confirmación por omisión. Es la parte del episodio que menos se comprueba y la que más ruido genera.
Del sueldo hace bandera. Quien cobra una nómina media —viene a decir— está legitimado para hablar de alquileres aunque su familia tenga ladrillo. Hay quien lo traga. Y hay quien responde que
una cosa es lo que uno ingresa y otra lo que uno hereda, y que aquí no se discuten nóminas sino intereses encontrados.
¿Por qué estalla la contradicción de clase?
El patrón incómodo no es este caso, sino su repetición, según sostienen algunos mensajes del hilo. Se acumulan los ejemplos de
personas de cuna acomodada al frente de movimientos que dicen hablar por quienes no tienen nada. Y esos liderazgos terminan, con frecuencia, transformados en cargos, en visibilidad pública o en futuros puestos institucionales. Los problemas que dieron origen a la protesta, mientras tanto, siguen sin resolverse.
De Reguant a los revolucionarios de cuna de oro
El paralelismo tenía precedente. La exdiputada de la CUP
Reguant, señalada en su día por alentar la ocupación, procedía, según un mensaje del hilo, de una familia con negocio en el sector inmobiliario. Ocurre tan a menudo que deja de ser casualidad. En el relato que circula se recuerda que
Marx, Engels, Bakunin, Kropotkin o Lenin se criaron en cunas de oro y, desde esa posición, se sintieron autorizados a hablar por la sociedad entera. La coincidencia es vieja; lo nuevo es la velocidad con que se detecta.
¿En qué queda la querella anunciada?
En nada, por ahora. El anuncio de acciones legales contra quienes, dice, no se retracten es, de momento, una advertencia sin presentar. Nadie ha identificado a un demandado concreto ni un escrito registrado. La secuencia habitual en estos casos es conocida: primero se enseña la querella, después se usa como escudo en la conversación pública. Aquí, de momento, solo hay la primera mitad.
Que un defensor del inquilino figure, según estos datos, como apoderado de una constructora es un titular demasiado jugoso para dejarlo pasar. Un juez dirá algún día si hay difamación. El registro mercantil, mientras, no ha necesitado abogados.