Los búlgaros también se van de España: sueldos, inseguridad y fuga de pensiones
La comunidad búlgara en España, históricamente vinculada a la construcción y la fontanería, está en retirada. Los salarios no permiten ahorrar, la inseguridad callejera disuade a los recién llegados y, según varias fuentes, los que se quedan son mayores de 50 años que esperan jubilarse para cobrar su pensión en Bulgaria. Un éxodo que drena capitales del sistema fiscal español.
El espejismo del salario español
Quienes vinieron a trabajar y construir un futuro se topan con sueldos que no cubren ni el alquiler. La imposibilidad de ahorrar convierte la emigración en un sinsentido: lejos de la familia, sin margen financiero. Las grandes ciudades como Madrid y Barcelona ya notan la falta de trabajadores cualificados en oficios tradicionales. Mientras, los jóvenes búlgaros optan por Alemania o directamente se quedan en su país, donde la adopción del euro como moneda mejora sus perspectivas.
La bomba de las pensiones transfronterizas
Un efecto colateral menos visible es la fuga de capitales vía pensiones. Los inmigrantes que cotizaron 20 o 25 años en España regresan a su país al jubilarse, y el dinero de sus prestaciones sale del circuito fiscal español. La cifra, aunque no exacta, se estima en miles de millones anuales que no retornan. Un agujero que el sistema público difícilmente puede taponar, sobre todo con ciudadanos comunitarios a los que no se puede restringir el cobro en el extranjero.
¿Culpa del SMI o de la precariedad estructural?
Algunos análisis apuntan al salario mínimo como factor disuasorio para la contratación, reduciendo la demanda de mano de obra inmigrante. Pero la crítica más extendida se centra en la precariedad generalizada: alquileres desorbitados y empleos de supervivencia que no compensan el desarraigo. La pregunta que queda en el aire es si España puede permitirse perder a uno de sus colectivos más productivos en oficios clave.