De la EGB a la LOGSE: la guerra generacional y el problema de fondo
La provocación es fácil: un boomer no sabe instalar una app ni distinguir Yugoslavia en un mapa. La respuesta tampoco tiene desperdicio: el chaval de veinte años invierte en Bolsa con el móvil, pero no sabe trabajar. En medio de tanto dardo, queda una pregunta real, y no es quién es más tonto, sino qué hizo el sistema educativo para llegar a este punto.
El problema del leñador: de las fracciones a los conjuntos
La mejor radiografía del cambio no es una opinión, es un problema escolar. En 1950, un leñador vendía su carro por 100 euros y el coste era 4/5 del precio: fracciones. En 1970, el coste era el 80%: porcentajes. En 1980, eran 80 euros a secas. Y en 1985, la «modernidad» sustituyó al leñador por un conjunto de monedas y pedía dibujar cien puntos gordos. La caricatura tiene miga: la abstracción vacía se comió al cálculo con sentido.
Ni tan listos ni tan tontos
El relato de la decadencia ignora un matiz incómodo. En 1970, la educación obligatoria se extendió hasta los 14 años, las familias empezaron a creer en la escuela y el trabajo infantil retrocedió. En 1950, el analfabetismo y el abandono escolar eran la norma en pueblos y barrios obreros. Así que los boomers fueron, en realidad, la primera generación escolarizada de verdad. El problema llegó después, cuando la LOGSE –acusada de igualar hacia abajo– y sus herederas convirtieron las aulas en un escaparate de titulitis, según unos, o en un aparcamiento de paro juvenil, según otros.
Mientras los abuelos presumen de haber trabajado en la fábrica y los nietos de programar con doce agentes de IA, el dato que descoloca sigue ahí: la escolarización obligatoria de 1970 produjo más avance real que décadas de leyes educativas. Si luego el nivel se vino abajo, ¿fue culpa de la LOGSE o de que ya nadie necesitaba contar leña para sobrevivir?