La bisexualidad, ¿una etiqueta incómoda para los homocuriosos?
Afirmar que los bisexuales son, en realidad, homosexuales que no acaban de salir del armario es un clásico que reaparece cada cierto tiempo. La última versión viene con un dato: según un testimonio, el 90% de las relaciones sexuales de los bisexuales que conoce son homosexuales, mientras que las heterosexuales serían episodios aislados. Una observación que, pese a su contundencia, no resiste el análisis estadístico.
Homocuriosidad: ¿fase o descalificativo?
La homocuriosidad, término que algunos prefieren para describir experiencias puntuales con el mismo sexo, se presenta como una fase intermedia. Pero conviene recordar que la orientación sexual no es una casilla de verificación. La mayoría de estudios sobre el tema apuntan a un espectro, y los propios afectados insisten en que la bisexualidad es una identidad estable, no un trampolín hacia otra cosa.
En el otro extremo, perdura la vieja tesis de que la bisexualidad se reserva a quien no quiere asumir su homosexualidad. Esa corriente suele apoyarse en anécdotas, no en evidencia. De hecho, los datos demográficos muestran que el número de personas que se identifican como bisexuales supera al de gais y lesbianas en varios países, algo que sería inexplicable si solo fuera una etapa.
El prejuicio que no se desvanece
¿Estamos ante un fenómeno nuevo? No. La literatura sobre orientación sexual ya documentaba esta discusión hace medio siglo. Lo nuevo es la visibilidad y la exigencia de que la etiqueta propia se respete. Aun así, el prejuicio permanece. Probablemente, la etiqueta de homocurioso seguirá usándose como descalificativo hasta que la educación sexual incluya la fluidez como algo natural.