Los mejores libros según quien los lee: un canon en bronca
Si hay un género con más versiones que el 'Quijote', ese es el canon de los mejores libros. Pida a un grupo de lectores que elija diez títulos y obtendrá una trinchera donde conviven la Biblia, nueve tomos de Mortadelo y Filemón y el manual de la Thermomix. Nadie sale indemne: ni Gabriel García Márquez ni J.D. Salinger se libran del hachazo.
Los clásicos que resisten y los que estorban
Entre tanto nombre, hay cierto consenso inesperado. Dostoyevski, con «El idiota» y «Crimen y castigo», y Dante, con su «Divina Comedia», aparecen en más de una lista. Borges asoma dos veces, con «Ficciones» y «El Aleph». Tolstói también se cuela, con «Guerra y Paz» o «Anna Karenina», según el humor del lector.
Pero el acuerdo se acaba ahí. Hay quien sostiene que la novela está sobrevalorada como género y que el ensayo le da mil vueltas; en esa tesitura, «Cien años de soledad» se convierte en diana de desprecio en lugar de objeto de veneración. A Salinger le ocurre algo parecido: hay quien nunca ha entendido el fenómeno de «El guardián entre el centeno», pese a que el relato corto «Nueve cuentos» sí convence a algunos.
La lista como acto de sabotaje
La mejor defensa contra la solemnidad del canon llega con una sartén: «El manual de la Thermomix» como gran obra. O con la saga completa de Mortadelo y Filemón, nueve tomos que no aspiran a la posteridad pero que han formado a más lectores que la mayoría de los clásicos. No falta quien, con ironía, pide “las más pedantes que se encuentren”, ni quien reivindica a Corín Tellado, la reina del folletín, como contrapeso a tanta cumbre.
Ahí reside la gracia de estas listas: funcionan como radiografía de quien las firma. Hay manuales de sexo-psicología, ensayos de biología evolutiva, novelas rusas, poesía completa y algún inclasificable. Cada lector confiesa no solo sus gustos, también sus manías.
Un canon imposible
Con tal dispersión, la única conclusión razonable es que no existe una decena de mejores libros. Lo que existe son mil cánones individuales, cada uno con sus rarezas. ¿Y si la lista perfecta fuera, precisamente, esa mezcla de Biblia, Thermomix y Mortadelo?