Lonchafinismo petrolero: cuando echar 20 euros de gasolina da vergüenza
Repostar 20 euros de gasoil provoca vergüenza ajena. O no. En las gasolineras españolas de 2008, el depósito lleno se había convertido en un lujo, y el «lonchafinismo» —echar calderilla para moverse— pasó de rareza a estadística de consumo. Un conductor trajeado paga 15 euros; otro, 10; un tercero, 5. El dependiente pone cara de lástima. No es un caso aislado: es la radiografía de una clase media que aprieta el cinturón.
El dato que nadie quiere ver: 5, 10, 15 euros
Las anécdotas se acumulan: un motorista echa 1 euro de gasoil; otro, 6 o 7 euros al mes para 200 kilómetros; un Seat Panda recibe 130 pesetas en los 90. La tendencia no es nueva, pero se acelera. «Cada vez esos 20 euros cunden menos», resume una experiencia repetida. Mientras, las gasolineras colocan carteles de «Mínimo 2 litros» y los dependientes se quejan de que «todo el mundo echa cuatro cortesana». El consumo se fracciona: el depósito lleno de 50 euros semanales (el «tresmileurista» que aún puede) contrasta con los 5 euros de quien mira la cotización del petróleo a diario esperando una bajada.
Llenar o no llenar: dos filosofías frente a la crisis
El debate se parte en dos. Por un lado, los partidarios del lleno: ahorras tiempo, evitas viajes extra a la gasolinera y, según algunos, «ir a repostar también consume combustible». Por otro, los estrategas del lonchafinismo, que defienden echar justo lo necesario para no llevar peso perecid o para no adelantar dinero si la tarjeta de fidelidad da descuento. Hay quien justifica los 10 euros porque «con la tarjeta pagas todo junto a final de mes». Pero la mayoría admite que es una cuestión de liquidez: «prefiero que piense que soy un lonchafinista a quedarme tirado». La vergüenza social desaparece cuando la necesidad aprieta.
La bici como respuesta y la sospecha de manipulación
Ante la escalada de precios, emerge la bicicleta como alternativa. Incluso con frío, quienes invierten en ropa térmica aseguran que «prefiero gastármelo en equipamiento que dárselo a Repsol». La bicicleta eléctrica gana adeptos, aunque requiere más abrigo al hacer menos ejercicio. Paralelamente, crece la desconfianza hacia las petroleras. Se mencionan «surtidores trucados» y la certeza de que «la mafia oligárquica energética no trasladará las bajadas del crudo a la factura». El mantra de que «los chinos consumen y el petróleo es un monopolio controlado por gente malvada» se instala como explicación popular. Con el tiempo, la crisis de 2008 dejó paso a otras, pero el lonchafinismo siguió ahí, como un termómetro de la resistencia del bolsillo familiar.
¿Hasta cuándo se puede estirar el depósito? La pregunta sigue abierta.
Debates relacionados en el foro