El 'lonchafinismo': la afición por encontrar dinero en la calle deja hasta 200 euros al año
Hay quienes pasean con la mirada en el suelo no por desidia, sino por negocio. Lo llaman, con cierta ironía, 'lonchafinismo': la práctica de buscar y encontrar dinero en efectivo tirado en la vía pública, en cajeros automáticos, máquinas de vending o incluso entre libros de segunda mano. Lejos de ser una anécdota ocasional, para algunos supone un ingreso recurrente que ronda los 200 euros anuales, según los cálculos de un veterano en la materia.
Las cifras del hallazgo: de 5 a 540 euros
Las experiencias recogidas dibujan un abanico que va desde el puñado de céntimos hasta golpes de suerte mayúsculos. Un caso documenta el hallazgo de 540 euros en dos billetes de 200 y dos de 20. Otro, 450 euros dentro de una cartera abandonada. Pero lo habitual son pequeñas cantidades: billetes de 5, 10 o 20 euros en aceras, rotondas o junto a coches aparcados. Quien más ha sistematizado la búsqueda asegura obtener unos 200 euros anuales, con picos de hasta 60 euros en apenas seis o siete horas dedicadas a la vigilancia del suelo.
Técnicas y lugares estratégicos
El 'lonchafinista' no deja nada al azar. Los puntos calientes son las salidas de los vehículos (donde el efectivo se escurre al abrir la puerta), los cajeros automáticos, las máquinas de vending y los parquímetros. Algunos incluso han utilizado detectores de metales, rentabilizando el aparato con hallazgos de entre 0,50 y 1 euro al día, y hasta 40 euros en fechas señaladas. Eso sí, el método requiere constancia y, según los que lo practican, un "radar" entrenado para no pasar por alto un billete arrugado.
El dilema ético: devolver o no devolver
No todo es alegría. La ética divide a los buscadores de dinero perdido. Hay quien devuelve carteras enteras con cientos de euros a sus dueños, incluso sin recibir las gracias. Otros, en cambio, se quedan lo que encuentran, justificándolo con la dificultad de identificar al propietario. La polémica se intensifica cuando el dinero se recoge sabiendo de quién es, como en el caso de quien cogió un billete caído del bolso de una mujer y se lo gastó en videojuegos. "Tu roñez te volverá multiplicada", sentencia un observador crítico.
La lenta muerte del efectivo
El 'lonchafinismo' tiene los días contados. La progresiva desaparición del dinero en metálico reduce las oportunidades. En barrios de alto poder adquisitivo como Sant Gervasi (Barcelona), "es imposible encontrar una simple moneda", pues casi nadie usa cash. La tendencia se confirma en toda España: cada vez hay menos billetes y monedas en circulación. Quienes aún practican este hobby lo hacen en zonas donde el efectivo resiste, pero saben que el filón se agota.
Con todo, el 'lonchafinismo' sigue siendo para sus adeptos una fuente de pequeñas alegrías y, de paso, un ejercicio de observación del entorno. Eso sí, con el auge de los pagos digitales, los 200 euros anuales podrían pasar a la historia como un capítulo pintoresco del consumo responsable.