Federico, el supuesto ermitaño de Asturias que cobra 2.500 euros
En un rincón de Asturias, un hombre de 93 años vive sin luz, sin agua corriente y sin carretera. Los reportajes lo presentan como un ermitaño que mantiene una forma de vida de hace un siglo. Pero lo que no cuentan es que, según varias informaciones, recibe una pensión de 2.500 euros al mes desde que se prejubiló a los 55 años. La historia, viral en redes, esconde una trama más compleja que una simple vida ancestral.
La historia que venden y la realidad de Federico
Federico es el nombre que los vecinos dan al anciano protagonista de los vídeos. Vive en La Yana'l Pumar, una aldea de la cuenca minera asturiana, a unos 17 kilómetros de Mieres. Según algunos análisis, allí solo vive él desde hace 30 años. Sin embargo, no está completamente aislado: a un kilómetro hay más viviendas, y baja al pueblo a comprar al supermercado. Tiene gente que le lleva comida y le visita periódicamente.
La batalla por la pensión: ¿prejubilado de Aceralia o ganadero?
El relato de la vida sin comodidades choca con las revelaciones sobre su sustento. Algunas fuentes apuntan a que Federico fue trabajador de Aceralia y se prejubiló a los 55 años, cobrando desde entonces unos 2.500 euros mensuales. Otras versiones indican que toda su vida se dedicó a la ganadería, vendiendo reses en los mercados de la zona. La duda se convierte en un tema de fondo: las prejubilaciones de la reconversión industrial de los años 80 y 90. Empresas como Altos Hornos y la Naval se cerraron con fondos europeos para pagar las pensiones anticipadas. El coste de mantenerlas abiertas era superior al de mandar a casa a los trabajadores. Así que el «ermitaño» podría ser un producto de aquella política económica que desmanteló la industria española.
El negocio del eremita moderno
Youtubers y periodistas acuden a La Yana'l Pumar para grabar al anciano. Cada visita es un clic, una historia romántica de vuelta a la naturaleza. Pero la masificación de curiosos amenaza su paz. El propio Federico ha pedido que le dejen en paz, aunque la atención mediática no cesa. La realidad es que, tras el asombro por su estilo de vida, hay un hombre mayor que simplemente vive en el lugar donde nació, con ayudas externas y una pensión.
La España vaciada que no sale en los reportajes
Federico no es un caso único. En Asturias y Galicia quedan multitud de aldeas con apenas cuatro casas habitadas por ancianos que no se quieren ir con sus descendientes. Prefieren quedarse hasta que cierra el bar del pueblo. La diferencia es que algunos de ellos son visibilizados y otros no. La proyección mediática de Federico convierte su caso en un símbolo, pero también lo convierte en víctima de su propia fama.
Mientras tanto, Federico sigue con sus rutinas, ajeno al debate que ha generado. Quizá lo más prudente sería dejarle en paz, o al menos preguntarse por qué nos fascina tanto. ¿No será que la fascinación por este ermitaño dice más de nosotros que de él?