El coste económico de la soledad masculina: no se cura con seis cifras
Pasa los días encerrado en su habitación, sin contacto con mujeres, y confiesa que no sabe cuánto tiempo podrá aguantar. La respuesta inmediata es la práctica: sal de casa. Pero hay quien añade el matiz económico: el verdadero truco es tener una cuenta corriente de seis cifras. Otros apuntan a la edad: se te pasará a los 40. Y no falta el que sugiere apartar 100 euros de la prestación para evadirse un par de veces al mes.
La terapia por inyección de dinero
El consejo de reunir seis cifras no es nuevo: forma parte del mito de que el éxito financiero resuelve los problemas sociales. Lo llamativo es que en el mismo intercambio alguien responde con experiencia propia: «Tengo 40 y no se me pasa». La réplica no tiene desperdicio: «Dale tiempo, la pitapausia está ahí, acechando». Así que la edad tampoco es el bálsamo que algunos piensan.
El viaje como sucedáneo
La otra corriente es más activista: viajar, aunque sea solo. «No te prives de lo que quieres hacer –insiste un mensaje–. Si te apetece ir a un evento, ve, aunque te aburras y te vuelvas pronto a casa». El mismo argumento añade un matiz interesante: «Viajar está sobrevalorado; cualquiera puede ir un mes a las Bahamas, lo realmente valioso sería irse a vivir allí». Es decir, el consumo no sustituye a la vida, pero a veces lo usamos como sucedáneo.
Ninguna de estas recetas ataca las causas: la falta de red, la precariedad relacional, el miedo a salir. Que una cuenta corriente de seis cifras rompa un hechizo dice más del hechizo que del dinero. Y que la única respuesta sea «salir de casa» sugiere que el primer paso no cuesta nada, aunque sea el que más cuesta dar. El costo económico del aislamiento no se mide en números, sino en oportunidades no vividas.