La central del LZB en Urda funcionaba con tres ordenadores que calculaban lo mismo y se vigilaban entre sí, y los tres cayeron a la vez, según un relato difundido en X. Eso deja al descubierto la dependencia de un sistema de seguridad que debería ser redundante.
La foto que ilustraba el debate no era de 1992. Un usuario lo corrigió: es Windows 95, lanzado a finales de 1995. Otro añadió que, para 1992, lo normal habría sido una pantalla verde y ni siquiera un ratón. La anécdota sirve de puerta a un asunto más serio: la edad real de la tecnología que sostiene la seguridad ferroviaria.
Qué es el LZB y por qué se habla de él
El LZB tiene dos mitades. Una va embarcada en cada tren. La otra son centrales que calculan las órdenes para todos los trenes de su tramo. Es un sistema de control que transmite instrucciones continuas al maquinista, no una simple señalización de balizas.
En Urda se cayó la central, según el relato difundido en X. Y no cayó una máquina: cayeron las tres que hacían el mismo cálculo y se vigilaban entre sí. La redundancia triple es precisamente el argumento de que el sistema no debería fallar entero.
La redundancia que no redundó
Tres ordenadores que calculan lo mismo y se comprueban mutuamente deberían detectar el error de uno y aislarlo. Que los tres fallen a la vez apunta a una causa común: alimentación, comunicaciones o software compartido. Es una hipótesis, no un diagnóstico.
El detalle importa porque el LZB no es un adorno. Cuando la central no responde, el tren pierde esa capa de protección y queda bajo otras reglas de circulación. La pregunta incómoda es cuántos tramos dependen de una sola central con tres equipos que comparten debilidades.
Tecnología de otra época en la seguridad de hoy
La ironía del hilo es la fecha. Un sistema diseñado décadas atrás sigue calculando órdenes para trenes que circulan a velocidades para las que quizá no se pensó. No es un problema español ni exclusivo del ferrocarril: pasa en banca, en sanidad y en administraciones enteras.
La foto de Windows 95 era una broma, pero la broma tenía fondo. La pregunta que queda es si la redundancia está bien diseñada o solo bien dibujada en el papel. Eso se responde con auditorías, no con tuits.