Buenas! Habla usted desde el desconocimiento.
Entiendo su punto, pero ahí no coincido. Un seguro no es pagar “por nada”: es pagar para no arruinarte el día que te toque.
Por ejemplo:
– Si tienes un incendio en casa y arde todo, ¿quién paga los daños a tus vecinos o reconstruir tu vivienda? Estamos hablando de decenas o cientos de miles de euros. Con un seguro, eso no sale de tu bolsillo.
– Un seguro de vida con cobertura de enfermedades graves: si te diagnostican un cáncer o una esclerosis múltiple, te adelantan un capital para costear tratamientos, adaptar tu casa o simplemente vivir tranquilo mientras te recuperas.
– En decesos, los costes reales de un tanatorio, féretro, traslados y trámites superan fácilmente los 6.000 €. Mucha gente no podría afrontarlo de golpe, y ahí entra el seguro.
– En salud, gracias a un seguro privado accedes a pruebas diagnósticas o especialistas en días, mientras que por la pública pueden tardar meses. Para muchas familias esa rapidez marca la diferencia.
Al final, un seguro no está para aprovecharse de nadie, sino para dar tranquilidad. Ojalá nunca lo uses, claro, pero si llega el día y no lo tienes, el coste es infinitamente mayor que lo que has ido pagando en cuotas.