El Gobierno autoriza contratar electricistas y gruistas fuera de España
En España hay
2,7 millones de desempleados y una tasa de paro del 11,7%, casi el doble de la media europea. Y, al mismo tiempo, el Boletín Oficial del Estado acaba de abrir la puerta a que las empresas contraten electricistas, carpinteros de aluminio y gruistas en el extranjero. La paradoja no es un error de cálculo. Es la política.
El Ejecutivo publicó el catálogo de ocupaciones de difícil cobertura del tercer trimestre, esa lista de puestos para los que autoriza la
contratación en origen. La novedad es que, por primera vez, entran oficios del sector de la
construcción. Y hay letra pequeña: no se abre la mano a peones ni a capataces, solo a posiciones con formación específica.
Qué oficios entran en el catálogo de difícil cobertura
La lista renueva los clásicos de siempre —maquinistas navales, pilotos de buques mercantes— y añade carpinteros de aluminio, metálico y PVC; montadores de carpintería metálica, aluminio y PVC; instaladores electricistas de edificios y viviendas; instaladores electricistas en general; y conductores-operadores de grúa en camión, grúa fija y grúa móvil.
Hasta ahora la construcción había quedado fuera de estas autorizaciones. El salto se discutió con sindicatos y patronales a finales de junio y supone que las compañías puedan buscar en origen perfiles que el mercado interior, sobre el papel, no cubre.
¿Faltan trabajadores o sobra desempleo?
El secretario de Estado de Empleo, Joaquín Pérez Rey, sostiene justo lo contrario de lo que sugiere el catálogo: «En España no hay ningún problema de vacantes», y ningún dato de Eurostat lo demuestra. Su ministerio insiste en que no cabe una apertura generalizada. Pero ahí está la ampliación.
El sindicato UGT la rechaza apoyándose en los
2,7 millones de parados y ese 11,7% de tasa. Su tesis: mientras los servicios públicos de empleo no ofrezcan esas vacantes a los desempleados de aquí, sobran razones para no importar mano de obra. CC OO, en cambio, acepta la medida con reticencias —«un acto de buena fe y lealtad institucional»— y pide recualificación. Ambos coinciden en lo esencial: priorizar a quien ya está en el paro.
El caso de la obra que nunca empieza
Hay un relato que resume el otro lado de la balanza. Una persona cuenta que lleva
dos años intentando ejecutar una obra con la licencia municipal a punto de caducar. Pidió presupuesto a varias empresas: unas vinieron de mala gana, otras ni respondieron, y la mayoría prometió pasarse y después desapareció. También quería talar una araucaria de
12 metros que le está levantando el suelo, y arreglar una fuga de agua. Nada de nada.
¿Es falta de profesionales o falta de ganas a esos precios? Depende de a quién se pregunte. Desde el lado empresarial se sostiene que no hay relevo generacional en los oficios; desde el lado del trabajador, que las condiciones siguen sin compensar.
El catálogo no es la única vía de contratación
Conviene desmontar una confusión: el catálogo no inventa la figura. La norma que permite contratar fuera si una oferta colgada en el SEPE no recibe respuesta en un plazo es vieja. El catálogo solo señala las profesiones donde eso ocurre con más frecuencia. Hay quien recuerda que en Ceuta se contrata así desde hace años.
Dicho de otro modo, buena parte de lo aprobado lleva tiempo funcionando en la práctica. Lo nuevo es la etiqueta oficial sobre la construcción.
El temor al dumping salarial y a la chapuza
El principal miedo es que la contratación en origen sirva para contener salarios justo cuando los oficios empezaban a subir. Una corriente lo llama dumping social: mano de obra que presiona a la baja los sueldos del gremio. Otra advierte de un problema técnico: el reglamento eléctrico español tiene poco que ver con el de otros países, y para ser instalador autorizado hay que pasar un examen de habilitación.
Aun así, hay quien defiende que los sueldos de oficios y conductores seguirán subiendo porque falta gente y la juventud prefiere la oficina. El aviso que circula: al poco tiempo, los buenos se marchan donde pagan mejor.
La FP que no acaba de arrancar
La formación profesional aparece en casi todas las recetas y en casi ninguna solución. Un caso repetido: grado medio con notable,
cinco años de experiencia exigidos en cada oferta y ninguna puerta que se abra. La FP dual existe y avanza, pero no es mayoritaria, y hay quien duda de que lo sea mientras las empresas no quieran formar.
El diagnóstico alternativo es incómodo: la formación no compensa si el sueldo de destino no sube. Y ahí volvemos al principio.
Con esos mimbres, lo razonable sería que el catálogo resolviera un problema concreto de un puñado de oficios. La duda que queda flotando es otra. Si de verdad no hay vacantes, ¿qué empleo se está cubriendo en origen? ¿Y a qué precio lo está cubriendo?