Cuando la mili vuelve sin que nadie la haya derrogado: el grupo de edad prioritario
La ley de la carrera militar, aprobada en 2001, nunca durmió del todo. En su artículo 46 contempla que, si los soldados profesionales no son suficientes, se activará el reclutamiento obligatorio. Y ahí el orden es claro: los primeros llamados serán los varones y muyer entre 19 y 25 años. ABC lo recordó hace unos días al analizar el escenario de una hipotética entrada de España en guerra. La noticia, inicialmente de pago, pronto viralizó en foros y redes.
¿Contra quién y con qué tropas?
El debate no es abstracto. Las Fuerzas Armadas españolas cuentan con unos 120.000 efectivos profesionales, pero la OTAN exige capacidades que requieren más. Con un contexto de tensiones en el Este y el flanco sur, la pregunta recurrente es quién empuñaría el fusil. Según el texto legal, sin distinción de género, y con la objeción de conciencia limitada a no usar armas, no a no servir. En la discusión se citan cifras como los 811.530 jovenlandés censados en España a 1 de enero de 2021, para subrayar que un conflicto con Jovenlandia –el escenario más plausible para algunos– tendría una dimensión demográfica explosiva.
La generación del patinete y la ecoansiedad
Los análisis coinciden en que la juventud actual, criada en la cultura del bienestar, la inmediatez digital y una cierta desafección patriótica, no es precisamente carne de cañón. Se ironiza sobre el “escuadrón patinete” y se menciona la “ecoansiedad” como posible eximente. Pero detrás de la sorna hay un dato incómodo: de acuerdo con un estudio encargado por el CIS –citado en el debate– el gobierno ya investiga la disposición de los jóvenes ante un hipotético servicio militar. La muestra de 1.200 encuestados, con un margen de error inferior al 2,8%, sugeriría que el Estado se toma en serio la opción.
Incentivos económicos: ¿4.000 euros al mes por ir al frente?
Frente a la resistencia, surge la vía del mercado. En el debate se baraja que, para que un joven coja un fusil, haría falta un sueldo de al menos 4.000 euros mensuales. Una cantidad que duplica el salario medio de los menores de 25 años. Pero el cálculo es perverso: si pagas eso, el interés puede aparecer entre los más precarios, precisamente los que menos tienen que perder. “Que paguen 4.000 euros al mes y ya verás si hay interés”, se dice. El problema es sarracena: la defensa del país se convertiría en un trabajo peligroso más, sin el componente patriótico que antaño movía a los reclutas.
La sombra de la deserción masiva
El espectro de una guerra civil, con jóvenes marchándose al extranjero como en 1936, planea sobre el análisis. Algunos apuntan que un alto porcentaje de los 19-25 años tiene doble nacionalidad, lo que permitiría esquivar la leva. Y quienes no, buscarían rutas vía Lisboa o puertos jovenlandeses. “Europa se ha cargado el patriotismo”, resume una corriente. “Nadie lucharía por su patria, solo obligados o por mucho dinero.”
El dato que descoloca: mientras en Alemania un 66% de los encuestados se declaraba a favor del servicio militar obligatorio, solo 500 personas se habían ofrecido voluntarias en cinco meses. La brecha entre la opinión y la acción es una advertencia para cualquier gobierno que se plantee reactivar la mili en España.