Ejército europeo: la coartada para tapar la ruina militar española
¿Por qué de repente Pedro Sánchez impulsa un ejército europeo cuando su propio ejército nacional se cae a pedazos? La respuesta es incómoda: las Fuerzas Armadas españolas arrastran décadas de desinversión, proyectos faraónicos que nunca funcionan y una corrupción estructural que hace pequeños los casos Gürtel o ERE. Mientras el presidente busca una poltrona militar en Bruselas tras fracasar en la OTAN, los datos cantan: soldados por 1.200 euros, submarinos que no flotan y fusiles que vibran más que una desbrozadora.
El desastre anunciado del programa S80
El submarino S80 es el paradigma de cómo se malgasta el dinero en defensa. Diseñado para incorporar un sistema AIP de propulsión independiente de aire, la contrata cayó en manos de Abengoa, que no fue capaz de desarrollarlo. Resultado: el submarino se pasó de peso, hubo que cortarlo y añadirle eslora -nace el S80+- y encargar el sistema a General Electric. Cuando el S83 tenga el AIP, llevará años de retraso. Y mientras, el futuro es nuclear, pero solo seis países lo tienen. El coste de esta chapuza no se ha hecho público del todo, pero el fraude en Navantia -"a saber cuántas jessicas hay colocadas"- apunta a que el dinero se esfumó.
Entrenamiento de risa: cinco balas y una granada
La instrucción básica en la mili se resumía en disparar cinco cartuchos del CETME y lanzar una granada. Veteranos recuerdan que las granadas se ataban con hilo de pescar para recuperarlas. "El plan de estudios lo diseñó un cabo borracho", resume un exrecluta. En accidentes, las granadas caducadas o defectuosas mataron a un teniente y un sargento. El CETME, un fusil de los setenta, vibraba tanto que "una desbrozadora es más suave". Los soldados profesionales, por su parte, solo funden dos cargadores al mes. Con ese adiestramiento, cualquier invasión sería un paseo militar para el enemigo.
Sueldos de miseria y corrupción endémica
"No se puede tener soldados por 1.200 euros", clama un análisis extendido. Las condiciones laborales son precarias, y la fuga de talentos es constante. Peor aún, las sospechas de corrupción salpican a todas las ramas: desde la sustracción de armas por oficiales hasta las contrataciones amañadas en Navantia. "El ejército español es un pozo de corrupción del que nadie habla". Cuando se destape todo, dicen, hará pequeños los casos actuales.
El ejército europeo como cortina de humo
Ante este panorama, la propuesta de un ejército europeo suena a quitado de encima. "Alguien tiene que pagar la defensa de España y vais a ser vosotros, compañeros de la UE", ironiza un participante. Sánchez, tras quedarse sin el puesto de Rutte en la OTAN, busca ahora ser "secretario general del algo con tanques y cazas". La maniobra permite diluir las vergüenzas nacionales en un presupuesto común, mientras aquí se sigue fabricando material militar que no funciona. La pregunta que queda en el aire: si no somos capaces de defender nuestras fronteras -Ceuta y Melilla incluidas- ¿qué credibilidad tenemos para liderar una fuerza paneuropea?
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