Tres horas diarias contra Ayuso: TVE y la deriva de Malas Lenguas
Televisión Española está en el punto de mira. Las críticas al programa Malas Lenguas se han intensificado al convertirse la emisión en un monográfico sobre Isabel Díaz Ayuso. Tres horas diarias de programación dedicadas al presunto escándalo del ático de la presidenta madrileña, mientras el resto de la agenda informativa parece desvanecerse.
El malestar no es nuevo. Varias voces denuncian una composición de tertulia desequilibrada: seis perfiles progresistas frente a una única voz conservadora. Esa voz, en muchas ediciones, termina convertida en una especie de piñata mediática. El caso más citado es el de Sarah Santaolalla, cuya peculiar estética ha acabado siendo el símbolo del supuesto maltrato en plató.
Mientras tanto, la cobertura del ático eclipsa otros asuntos. De Ceuta no se habla, ni tampoco de presuntas irregularidades que afectan a otros dirigentes. La obsesión por un solo personaje invita a preguntarse dónde empieza el escrutinio y dónde acaba la propaganda.
El problema de fondo no es si Ayuso ha cometido alguna irregularidad. Es que una televisión pública no debería caer en la deriva sectaria. Los defensores del programa hablan de un periodismo incómodo para el poder, pero las tres horas diarias sobre el mismo tema no encajan en ninguna teoría del pluralismo. Ahí, en la incapacidad de justificar lo injustificable, se atasca el análisis.