Magdeburgo: dudas sobre el móvil del ataque al mercadillo navideño
¿Por qué un supuesto crítico del islam, simpatizante de la extrema derecha alemana y de origen saudí atropella un mercadillo navideño en lugar de atacar una mezquita? Esa es la pregunta que recorre el análisis del ataque de Magdeburgo y que, según los participantes en el debate, el relato oficial no ha respondido de forma convincente. Los datos que se han ido publicando dibujan un perfil que no encaja con el de un yihadista clásico: un médico de origen saudí, residente en Alemania desde hace dos décadas, que habría abandonado la práctica religiosa y que, según las informaciones difundidas, se mostraba crítico con lo que ocurría en su país de origen. El resultado, cinco muertos y una polémica que va mucho más allá del suceso.
Un perfil que no encaja con el relato habitual
La primera contradicción es de manual. Si el atacante era antiislamista, lo lógico habría sido atentar contra una mezquita o contra la salida de un rezo, no contra un evento cristiano. Ese detalle, señalado con insistencia, es el que ha hecho saltar todas las alarmas sobre la versión oficial. Se argumenta que el sujeto simpatizaba con la ultraderecha alemana y que era prosionista en grado extremo, una combinación que, como mínimo, resulta llamativa. Hay quien sostiene que se trata de un caso de
taqiyya extrema, en la que el individuo finge ser lo contrario de lo que es, aunque esa hipótesis se antoja más propia de un guion de cine que de una investigación policial.
Los medios alemanes, mientras tanto, han ido soltando retazos: que si conspiranoico, que si obsesionado con la islamización de Europa, que si cercano a la extrema derecha. La palabra
conspiranoico, de moda desde hace años, aparece otra vez para etiquetar cualquier disidencia. Y ahí está el problema: cuando el perfil no cuadra, se fuerza el encaje.
El papel de los medios y la palabra «conspiranoico»
El tratamiento informativo ha sido, cuanto menos, confuso. Se ha descrito al atacante como un médico de origen saudí que habría renunciado a su religión y que actuaba por venganza, pero sin explicar contra quién ni por qué. La coincidencia de que el ataque se produjera un viernes, día de rezo en el mundo musulmán, ha sido señalada como un detalle que rompe la lógica del supuesto móvil islamófobo. Si el objetivo era castigar a los infieles, un mercadillo navideño es un blanco simbólico; si el objetivo era castigar a los musulmanes, no lo es en absoluto.
La prensa, se argumenta, está perdiendo credibilidad a marchas forzadas. No solo en Alemania: en todo el bloque occidental. La etiqueta de
conspiranoico se ha convertido en un arma arrojadiza contra cualquiera que dude del relato oficial, y eso incluye a periodistas que se limitan a preguntar. El resultado es una ciudadanía cada vez más dividida entre los que se creen lo que les cuentan y los que, directamente, han dejado de creerse nada.
¿A quién beneficia esta confusión?
Hay una corriente de análisis que sostiene que el objetivo real del ataque, o al menos su efecto, es generar desconfianza generalizada hacia todo lo que suene a árabe o musulmán, independientemente de su ideología o de si practica o no. Si un antiislamista comete un ataque que parece islamista, el mensaje que cala es que
todos son iguales. Esa lectura, que circula con fuerza, encaja con la idea de que el atacante buscaba precisamente eso: envenenar la convivencia y reforzar los prejuicios.
Otra interpretación, menos conspirativa, apunta a un simple caso de desequilibrio mental. La combinación de obsesiones ideológicas, aislamiento y acceso a un vehículo es un cóctel conocido en la criminología. Pero incluso esa explicación deja sin resolver por qué el blanco fue un mercadillo navideño y no cualquier otro objetivo.
El precedente que nadie quiere recordar
No es la primera vez que un ataque en Alemania se atribuye a un perfil que luego resulta ser más complejo. En 2016 y 2018, los atentados en mercadillos navideños se catalogaron sin dudas como terrorismo islamista. Ahora, en 2024, el mismo tipo de acción se etiqueta como ataque antiislamista. La comparación es inevitable y alimenta la sospecha de que el relato se adapta según convenga.
Mientras tanto, la investigación sigue abierta. No hay conclusiones firmes sobre el móvil, y las autoridades alemanas no han ofrecido una explicación que cierre todas las incógnitas. Lo único claro es que el atacante está detenido y que las víctimas son personas que paseaban por un mercadillo navideño. Todo lo demás, incluido el adjetivo que define el ataque, está por demostrar.
Al final, la pregunta sigue en el aire: si el atacante era antiislamista, ¿por qué no atacó una mezquita? La respuesta, de momento, solo la tiene él. Y los medios, mientras tanto, siguen buscando la etiqueta que mejor les encaje.