Tanatorios para mascotas: el negocio que crece al calor del vínculo humano-animal
En un tanatorio de la periferia de Madrid, una familia despide a su labrador de 14 años con un velatorio de dos horas, incineración individual y entrega de cenizas en una urna de madera. El precio del servicio ronda los 400 euros, IVA incluido. La escena, impensable hace una década, se repite cada vez más en España, donde el mercado funerario para animales de compañía mueve ya decenas de millones de euros al año.
El boom de los servicios funerarios para mascotas
La oferta ha pasado de ser casi anecdótica a incluir salas de velatorio, urnas personalizadas, incineraciones con certificado y hasta fosas en cementerios privados para animales. Empresas del sector funerario tradicional han creado divisiones específicas, y nuevos negocios proliferan al calor de una demanda que, según datos del sector, crece a ritmos anuales de dos dígitos. El argumento económico es sencillo: todo el gasto lo cubren los propietarios con dinero privado, y el Estado recauda el 21% de IVA sobre cada servicio, además de los impuestos indirectos de piensos, vacunas y seguros.
El debate sobre lo público y lo privado
Mientras unos ven en esta industria un ejemplo de libre mercado, otros señalan los costes externos: desde el deterioro del mobiliario urbano por orines hasta los gastos de limpieza adicionales en vías públicas. El argumento recurrente de que "las mascotas no pagan billete de metro ni contribuyen a la limpieza" choca con la realidad de que sus dueños sí tributan, y que muchas de esas partidas se pagan con impuestos generales. La discusión, que enfrenta a animalistas convencidos con detractores del gasto público indirecto, revela una fractura social que va más allá de los perros y los gatos.
Cuando la mascota es un miembro más de la familia
Detrás del fenómeno hay un cambio cultural palpable. Para muchos propietarios, el vínculo con su animal es tan fuerte que el duelo por su pérdida supera al de algunos familiares lejanos. Hay quien declara querer que sus cenizas se mezclen con las de sus perros, y quien rechaza la idea de enterrarlos en el jardín por la prohibición legal de hacerlo en terrenos particulares. Sin embargo, críticos advierten de que esta humanización de las mascotas puede llevar a desdibujar la frontera entre el cuidado de personas y animales, y alertan de una posible "normalización" de la eutanasia por analogía. El debate ético está servido, y el negocio funerario, mientras tanto, sigue facturando.