El topless como indicador económico adelantado
El verano de 2024 ha traído una percepción compartida: nunca se había visto tanta mujer en topless en las playas españolas. Pero lo que para unos es un cambio de costumbres, para otros es un clásico indicador de que se avecinan vacas flacas. En concreto, varios observadores vinculan el aumento de pecho al aire con el llamado «efecto lápiz de labios», una teoría económica que sostiene que en tiempos de crisis las mujeres incrementan el gasto en pequeños lujos —como cosméticos o, en este caso, el bronceado integral— como sustituto de grandes compras.
La cantante Amaral ha sido señalada como posible creadora de tendencia, aunque el fenómeno es cíclico y se remonta a los años 80. Lo que sí es novedoso es la intensidad: desde la Costa del Sol hasta el Algarve portugués, pasando por playas de Cádiz, los testigos describen una auténtica explosión de topless, mientras que en destinos como Montenegro apenas se veía a ninguna mujer con el torso descubierto.
¿Crisis o empoderamiento? La doble lectura del topless
Quienes defienden la teoría económica señalan que el aumento del topless coincide con un contexto de inflación alta y tipos de interés elevados, que han erosionado el poder adquisitivo de los hogares. En lugar de renovar el armario o planear viajes caros, las mujeres optan por pequeños gestos que eleven su autoestima: un labial nuevo, un sujetador más bonito bajo la ropa, o simplemente mostrar más piel en la playa. El argumento tiene cierta base histórica: durante la Gran Depresión de los años 30, las ventas de pintalabios se dispararon, y en la crisis de 2008 ocurrió otro tanto.
Sin embargo, hay quien lo atribuye a un cambio cultural sin relación con la coyuntura económica. Señalan que es cíclico, que ya ocurrió en los 90 y a principios de los 2000, y que lo achacar a la crisis es forzar la máquina. Precisamente, la popularización de la idea de que «empoderamiento» es sinónimo de mostrar el cuerpo ha llevado a muchas jóvenes a hacer topless sin pensar en si hay recesión o no.
El dato que lo cambia todo
El detalle más llamativo del análisis viene de la comparativa con el comportamiento masculino. Mientras las mujeres incrementan el topless, los hombres parecen estar yendo un paso más allá: en algunas playas se ha observado un aumento del nudismo masculino. «Ir completamente desnuda es más digno y elegante que llevar esa mamarrachez de mal gusto», llegó a decirse, en una muestra de que la tendencia hacia mostrar más piel podría estar generalizándose sin distinción de género.
Que este verano haya sido el del topless no es, en sí mismo, una prueba de recesión inminente. Pero la coincidencia temporal con otros indicadores sociales —como el aumento de las quejas sobre la falta de pudor o el revival de discursos sobre la «destrucción de occidente»— sugiere que el fenómeno tiene más capas de las que parece. Si el efecto lápiz de labios se cumple, los datos de ventas de cosméticos del tercer trimestre darán la razón a los agoreros. O quizá no: a veces el mercado de la moda playera solo busca bronceado uniforme.