La esquizofrenia española con el inglés: certificados que no hablan
España acumula más de 520 millones de hablantes nativos de español, una lengua global. Sin embargo, el país mantiene una relación esquizofrénica con el inglés: lo exige en curriculums, lo celebra en políticos que lo chapurrean, pero la realidad es que la mayoría de los certificados no se corresponden con la capacidad real de mantener una conversación. La brecha entre el papel y la práctica es tan grande que algunos empresarios ya han tirado la toalla con los títulos.
La titulitis como cortina de humo
El caso del dueño de un bufete de abogados que busca a alguien que hable inglés y "se la sudan los títulos" es paradigmático. Está harto de entrevistar a candidatos con C1 que no pueden mantener una conversación. Esta anécdota refleja lo que muchos profesionales señalan: en España, un C2 de la Escuela Oficial de Idiomas no garantiza fluidez real. Incluso hay quien asegura que cualquiera puede obtenerlo "solo pagando las tasas", aunque los defensores del sistema argumentan que un C2 exige un nivel casi nativo. La realidad es que el mercado laboral ya está diferenciando entre el certificado y la capacidad.
Competencia lingüística vs. herramienta de poder
El debate también tiene un trasfondo de clase y geografía. Se compara a Pedro Sánchez, educado en un entorno privilegiado en Pozuelo con clases particulares, con Alberto Núñez Feijóo, formado en el rural gallego. Que Sánchez hable inglés se presenta como un signo de cosmopolitanismo, mientras que la falta de inglés de Feijóo se usa como arma política. Pero algunos recuerdan que ni Felipe González ni Zapatero lo hablaban, y eso no les impidió gobernar. El inglés se ha convertido en un marcador de estatus, no en una habilidad meramente profesional.
La IA y el ocaso del inglés como necesidad?
Otra corriente sostiene que la inteligencia artificial está volviendo obsoleto el aprendizaje de idiomas. Traductores en tiempo real y modelos de lenguaje ya permiten mantener conversaciones complejas sin dominar la lengua. Un veterano del comercio internacional cuenta cómo negoció con un empresario chino usando el móvil para traducir, tras rechazar el inglés como imposición cultural. En contraste, quienes defienden el inglés argumentan que la mayor parte de la información en internet está en ese idioma y que la traducción automática aún no capta matices.
¿Sumisión o pragmatismo? El dilema identitario
El hilo destila un fuerte rechazo a lo que algunos llaman "colonización mental anglo". Se critica la hipocresía de quienes idolatran el inglés mientras minusvaloran el español. Incluso hay quien afirma que el inglés es un idioma en decadencia, superado por el chino en proyección global. Pero la evidencia muestra que el inglés sigue siendo la lengua franca de los negocios y la ciencia. La pregunta es si España puede permitirse el lujo de ignorarlo o si el exceso de celo identitario acaba perjudicando la empleabilidad de los jóvenes.
Con estos mimbres, la relación de España con el inglés parece destinada a seguir siendo contradictoria. ¿Realmente necesitamos hablarlo o nos conformamos con el papelito?