Por qué los pensionistas españoles se mudan a Tailandia
Hay un país donde una pensión española de 1.000 euros se convierte en una renta que permite vivir holgado, cenar fuera cada noche y pagar asistencia sanitaria privada. Ese país es Tailandia, y el relato de un español que llegó en 2009 y decidió quedarse ha reavivado el interés por un destino que ya acoge a miles de jubilados europeos.
La estimación que circula entre expatriados es que una pensión media cunde el triple en Bangkok que en Madrid. Sin renunciar a una vivienda con aire acondicionado o a desplazamientos en transporte público, el colchón financiero se expande. El protagonista del testimonio, que documenta su vida en más de 13.000 capítulos de una serie personal, lleva más de 15 años mostrando cómo se vive con ese margen.
La conversación, sin embargo, no se limita al dinero. Tailandia, de mayoría budista, presenta una sociedad tolerante y un entorno que muchos perciben como más seguro que el español. En el sur del país existe una minoría musulmana que ha protagonizado episodios de tensión, pero la respuesta militar ha contenido el conflicto, y el visitante rara vez lo percibe.
Entre los comentarios también afloran motivaciones menos confesables, ligadas al turismo de ocio adulto, que algunos reconocen sin complejos. No es el único atractivo, pero forma parte del paisaje que explica cierto perfil de migrante.
Con una pensión que se estira, una cultura amable y un coste de vida en descenso relativo, Tailandia se ha convertido en el centro de gravedad de muchos españoles que ya no piensan en volver. La pregunta es cuánto tiempo mantendrá el país esa ventaja frente a la inflación y al turismo masivo.