La supuesta lista de ventajas de la islamización no tiene ni un dato
Si la islamización de Occidente fuera el gran negocio que algunos venden, lo lógico sería encontrar cifras: cuánto subiría la natalidad, cuánto bajaría el gasto en moda o cuánto facturarían las carnicerías halal. No hay nada de eso. La versión económica del listado se reduce a quince puntos que mezclan roles de género, consumo textil y alimentación, sin un solo porcentaje, salario o proyección de recaudación.
La crítica cultural disfrazada de análisis económico
La lista que circula no habla de productividad, empleo o impuestos. Habla de «rol social natural», «decoro» o «mujeres tapadas», y lo envuelve con supuestos beneficios como la comida halal o la ropa de lino. Son opiniones identitarias, legítimas como tales, pero no economía. Las réplicas no han tardado: lo más cercano a una previsión de mercado ha sido el aumento de ventas de chanclas. Un sarcasmo que dice más que cualquier gráfico.
Dónde está la evidencia
Sobre natalidad, hipergamia o influencia de la religión en el consumo hay investigación académica seria. Este listado no la cita. Tampoco presenta series demográficas ni costes de integración. Se queda en la afirmación y, como mucho, en la boutade. La conversación pública sobre inmigración y cambio cultural merece datos, no una lista de deseos.
Si las supuestas ventajas económicas de la islamización fueran reales, alguien habría hecho los cálculos. Todavía nadie los ha enseñado. ¿Por qué?