La selección femenina: campeona mundial y sumida en la tormenta
La conquista del Mundial de 2023 no trajo la paz esperada. La Liga de Naciones Femenina, que arrancó como clasificatorio para París 2024, ha sido el escenario de una selección que gana partidos mientras lidia con la crisis institucional más grave de su historia. Sin presidente, sin el seleccionador campeón del mundo y con las jugadoras en pie de guerra, España ha logrado resultados abrumadores: un 7-1 a Suiza, un 3-0 a Alemania en la final, pero la pregunta que sobrevuela es cuánto puede durar esta dualidad.
El campeón que no quiere celebrar
La victoria en Sídney quedó empañada por el beso no consentido de Luis Rubiales a Jenni Hermoso. Desde entonces, la Federación ha sido un polvorín: dimisión de Rubiales, destitución de Jorge Vilda tras negarse las jugadoras a volver, nombramiento de Montse Tomé y una lista de convocatorias que ha generado más titulares que el juego. La concentración en Oliva, previa al torneo, fue calificada de «desastre total» por la falta de rumbo. Alexia Putellas e Irene Paredes, dos pilares, expresaron públicamente sus dudas. Mientras, en el césped, el equipo respondía con goleadas.
Resultados que callan bocas
En la fase de grupos, España arrasó: 7-1 a Suiza con doblete de Alexia, y después un 1-7 global que dejó claro el poderío ofensivo. En la fase final, la selección se impuso a Alemania por 3-0, con un equipo que, según los análisis, dominó sin su mejor jugadora, Aitana Bonmatí, ausente por decisión técnica. Claudia Pina fue señalada como la revelación del torneo, por encima de Putellas, que aun así se llevó el MVP. La evolución táctica y el fondo de armario invitan a pensar que España puede ser el equipo dominante de la próxima década, como lo fueron Estados Unidos.
El debate de fondo: ¿lucha laboral o berrinche?
Dentro del análisis deportivo convive una lectura más crítica: el discurso de «discriminación sistemática» de las jugadoras choca con la realidad de contratos profesionales, patrocinios y una vitrina de éxitos. Hay quien sostiene que el equipo ha gestionado mal su relación con la Federación, que olvida el legado de Vilda y Rubiales (pese al escándalo). Otros, en cambio, consideran que las demandas son legítimas y que solo con cambios estructurales se consolidará el crecimiento. El tiempo dirá si esta tensión es pasajera o el germen de una fractura mayor.
La paradoja es que, mientras el relato mediático se centra en las disputas, los resultados deportivos son incontestables. Quizá la clave esté en que, como apuntó algún analista, el talento de este grupo es tan superior que ni siquiera el caos logra frenarlo. Pero las crisis internas suelen pasar factura tarde o temprano. Veremos si la selección femenina logra separar el ruido del juego.