El capó como herramienta de estafa: el fraude del atropello simulado
Un vídeo que circula estos días muestra a una persona aferrada al capó de un vehículo en marcha mientras otra huye a la carrera. Las imágenes, grabadas en Sevilla hace meses, no son el típico altercado matutino: apuntan a una técnica de fraude al seguro conocida como la del “atropellado profesional”.
La mecánica es sencilla y, sobre el papel, rentable. El implicado se lanza sobre el capó, se deja caer en el asfalto, acude a urgencias para obtener un parte de lesiones y denuncia al conductor por un atropello inexistente. La aseguradora, muchas veces, prefiere pagar una indemnización a enfrentarse a un procedimiento judicial largo y costoso aunque el informe médico sea de lo más sospechoso.
Una estafa que pagamos todos
La práctica no es nueva. Quienes han seguido este tipo de vídeos reconocen el modus operandi al instante. Y no es inocente: cada parte de lesiones falso que cobra pasa a engrosar las primas de todos los asegurados. El cálculo es sencillo: el fraude no lo paga una compañía abstracta, lo pagamos el resto con pólizas más caras.
Lo llamativo del vídeo es la naturalidad con la que los protagonistas llevan a cabo la maniobra, sin que ningún conductor pueda probar que no los ha atropellado. En la discusión posterior, un detalle anecdótico: alguien se fijó en que el coche era un Toyota. Como si la marca añadiera algo al debate.
El cierre, con una pregunta incómoda: si cada denuncia de este tipo prospera, ¿cuántos casos quedan sin detectar? Las aseguradoras no hacen públicos todos sus datos, pero el incentivo para simular lesiones sigue ahí. Hasta que alguien lo grabe, claro.