Ciencia ficción que deja huella: el canon y los olvidados
Hay un canon de la ciencia ficción que se repite hasta la saciedad: Asimov, Clarke, Huxley, Orwell, Lem. Que se repita no lo hace falso; que se repita tampoco explica por qué hay obras que marcan a un lector concreto y otras que se desvanecen al cerrar la página. Un repaso a los títulos que más veces aparecen en las listas de quienes llevan décadas leyendo el género ofrece una conclusión incómoda: los libros que dejan huella no siempre coinciden con los que consagra la crítica.
El núcleo que nadie discute
El tronco común es reconocible. “Cita con Rama” de Arthur C. Clarke, “El fin de la Eternidad” y las sagas de robots de Asimov, “Solaris” de Lem, “Un mundo feliz” de Huxley, “1984” de Orwell. Son los nombres que vuelven una y otra vez en cualquier conversación lectora. Es el sedimento de décadas de lectura compartida. Y dentro de ese consenso hay matices que dividen: Asimov es respetado por su arquitectura racional, aunque se le reconoce una incapacidad confesa para retratar sentimientos; Lem, en cambio, interesa justamente por lo contrario, porque “Solaris” habla de incomunicación y otredad, no de naves.
El gran olvidado que inspiró Dune
Hay una reivindicación que atraviesa toda la conversación: Cordwainer Smith y su saga de los señores de la instrumentalidad. Un autor nacido en China, empleado de los servicios de inteligencia estadounidenses, que escribió una mezcla de lirismo, humor y rareza que no encaja en el canon habitual. Se le considera la gran injusticia del género y se le atribuye influencia directa sobre elementos centrales de Dune, como los gusanos y la especia. Al lado, Ursula K. Le Guin reclama sitio con “El nombre del mundo es bosque”, y Philip K. Dick es señalado por sus tramas alucinadas. El canon, bien mirado, es más ancho de lo que los manuales cuentan.
Huxley contra Orwell: ¿quién acertó?
Una de las tesis más recurrentes es que “Un mundo feliz” ha envejecido mejor que “1984”. Huxley controlaba a la sociedad con el placer, las pastillas y la obsesión sexual; una lectura que parece más cercana al presente que la vigilancia orwelliana. La conexión no es casual: en su entorno familiar se discutían las estrategias de las elites culturales y su hermanastro acabó fundando la UNESCO. No es una certeza, es una hipótesis, pero de las que remueven el avispero.
Filosofía con disfraz de futuro
Más allá de las naves, hay corriente que empuja la ciencia ficción hacia la filosofía. “Ciclonopedia”, de Reza Negarestani, fusiona petróleo, ocultismo, capitalismo y geopolítica en una obra de culto del realismo especulativo publicada en 2008. En la misma estela, “Fanged Noumena”, de Nick Land, y “Ciudad Permutación”, de Greg Egan, demuestran que el género puede ser un laboratorio de ideas. Y en la vertiente más comercial, “El problema de los tres cuerpos” de Cixin Liu y “Proyecto Hail Mary” de Andy Weir demuestran que la ciencia ficción actual sigue siendo capaz de atrapar a nuevos lectores.
El precio de marcar: 100 euros por un libro
El acceso a todo esto ha cambiado. Los precios desorbitados y el auge de internet redujeron la compra compulsiva de tapa dura; hoy un ejemplar de segunda mano de “El instante Aleph”, de Greg Egan, alcanza los 100 euros. La rareza bibliográfica se ha convertido en un síntoma: lo que marca es también objeto de coleccionismo, a veces inaccesible. Si algo demuestra esta lista es que el género seguirá mutando; la próxima obra que deje huella puede no estar en las librerías, sino en los márgenes de la red. Lo preocupante es que, al ritmo actual, volverá a costar un dinero.