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Liberalismo y marxismo: las dos caras del mismo veneno
De Adam Smith a Marx: el mismo veneno con dos etiquetas
¿Está usted ante dos doctrinas enfrentadas o ante dos maneras de aplicar el mismo proyecto? La pregunta recorre una polémica que arranca de un podcast de casi tres horas —«Clave Geopolítica», con Francisco José Fernández Cruz Sequera al frente—. La tesis de partida es rotunda: liberalismo y marxismo compartirían raíz filosófica y un mismo propósito de ingeniería social. La respuesta dominante niega el paralelismo, aunque casi nadie coincide en dónde está exactamente la línea que los separa.
La tesis de fondo: el economicismo compartido
El argumento más repetido sostiene que ambas corrientes comparten «una sustancia de pensamiento común: el materialismo», entendido como la idea de que la economía es la infraestructura sobre la que se levanta todo lo demás, incluidos los valores morales. Desde ahí se da un paso más: serían dos hermanos enemigos, hijos del mismo padre, con el mismo proyecto de fondo —la transformación revolucionaria de la sociedad— y distintos caminos para ejecutarlo.
Para reforzarlo se reproduce una cita que define el fin del liberalismo no como la libertad política, contractual o de conciencia, sino como la riqueza: las libertades serían el medio para alcanzarla y, después, para conservarla. De ahí que una parte del análisis coloque el origen de todos los males en el liberalismo y no en su supuesto adversario. Se argumenta, incluso, que lo que hoy se etiqueta como marxismo cultural —políticas de identidad, autodeterminación de género, expansión de derechos individuales— es en realidad liberalismo llevado al extremo. Un veneno, en suma, con dos envases.
La réplica: los primeros liberales invocaban el derecho natural
La objeción más sólida llega desde la historia de las ideas. Los primeros liberales defendían el derecho natural a la vida, a la libertad y a la propiedad, la igualdad ante la ley y la limitación del poder del Estado. Confundir ese programa con el de sus herederos políticos —o con el de sus enemigos declarados— sería un atajo tramposo.
No es la única grieta. Otra corriente subraya que las raíces filosóficas son opuestas: una doctrina pone por encima el interés individual, la otra el del grupo. Y hay quien añade el balance histórico: el marxismo aplicado habría producido más hambre, miseria y genocidios que cualquier régimen liberal. Con ese material, sostener que ambos son el mismo veneno exige hacer bastante fuerza con las palabras.
Adam Smith, Marx y la teoría del valor: la conexión incómoda
El terreno donde el paralelismo gana enteros, según esta corriente, es la teoría económica. Según este hilo argumental, Adam Smith formuló la teoría del valor trabajo —el valor de un bien depende de las horas invertidas en producirlo— y Marx la recicló para construir su teoría de la explotación: si el valor nace del trabajo, lo que el empresario se queda es plusvalía extraída al trabajador. La conexión, sostiene ese interviniente, no sería una invención de sobremesa.
La contraofensiva señala otra tradición previa, la de la Escuela de Salamanca, que habría defendido que el valor depende de la naturaleza del bien y no de la mano de obra. Si el préstamo intelectual entre Smith y Marx se sostiene, la acusación de raíz compartida tendría al menos un fundamento documental, según esa lectura. Otra cosa es que de ahí se deduzca un mismo veneno.
De la ideología a la aldea: el giro asambleario
A mitad de la conversación el foco se mueve del diagnóstico al remedio. Aparece un proyecto de revolución integral que propone devolver el poder al municipio mediante asambleas de democracia directa, concejos abiertos y derecho consuetudinario puesto por escrito. La propuesta recibe fuego de los dos flancos.
Se objeta que el derecho consuetudinario no necesita asamblea alguna, porque la norma ya vive en la costumbre; que si todo está prefijado en la cabeza del proponente —tierras comunales, herramientas comunes, ausencia de guardias especializadas— la asamblea es decorativa; y que cualquier cargo ejecutivo, por rotatorio que sea, genera jerarquía. Alguien remata que las asambleas comunales no han funcionado ni en las tribus más primitivas. La respuesta, no exenta de sorna, es que si la aldea decide volver a la tiranía, será un error voluntario, y sus habitantes serán responsables y no víctimas con derecho a pataleta.
Dos bandos, un mismo diagnóstico sobre el poder
En algo coinciden casi todos: la población no cuestiona los valores que recibe. Se sostiene que una sociedad es un grupo gregario sin valores propios, moldeable desde las instituciones, los medios y la educación, y que basta con dirigir esos canales para obtener lo que se quiera. La réplica es que la gente sí tiene valores e ideología, solo que no son los que a algunos les gustaría; y que si hoy priman ciertos consensos es porque alguien ha trabajado para instalarlos.
Debajo late una coincidencia incómoda: la libertad individual siempre está limitada por las circunstancias socioeconómicas en las que uno nace. Nadie nace aislado; nace en una familia, en una comunidad, en un país. Desde ahí, la sospecha de siempre: detrás de toda revolución hay un grupo dispuesto a convertirse en la nueva élite. Un dato sirve de recordatorio incómodo para el bando que se reclama heredero de Marx: la revolución rusa de 1917 fue, según esta lectura, un movimiento burgués dirigido por Lenin, y desde entonces la filosofía marxista habría sido distorsionada hasta hacerla irreconocible.
El oro como termómetro: quién acumula y quién vende
Aunque parezca ajeno a la disputa filosófica, el intercambio se detiene en el oro. Se sostiene, sin aportar prueba, que Rusia y China llevan lustros acumulando metal mientras Estados Unidos lo vende, y que la negativa a permitir inspecciones en Fort Knox alimenta la sospecha de que las reservas no están donde se dice. Se añade el episodio de la repatriación alemana, aceptada sin mayor resistencia. Es material de otro género, pero encaja en el marco general: si la confianza en el sistema se mide por lo que los bancos centrales hacen y no por lo que dicen, el metal vuelve a moverse hacia el Este. Muy significativo, se apostilla, a largo plazo.
Traducido: el veneno, si existe, no lo fabrica una ideología concreta. Lo administra quien manda. Sobre eso, curiosamente, no discute nadie.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«Ambas ideologías comparten una sustancia de pensamiento común: el materialismo o, podríamos decir también, el economicismo. Esto es, la idea de que la economía es el fundamento de cualquier sociedad humana»
— Scire · materialismo compartido por ambas doctrinas
«Los primeros liberales empiezan defendiendo el derecho natural (a la vida, a la libertad y a la propiedad), la igualdad ante la Ley y la limitación del poder del Estado. Que los liberales carecen de principios morales rectores, es simplemente una falacia»
— Amraslazar · principios del liberalismo clásico
«La libertad individual está siempre limitada por las circunstancias socioeconómicas en las que uno nace. Nadie nace como individuo aislado. Nacemos en el seno de una familia, en el contexto de una familia más extensa, una comunidad local, regional, nacional.»
— Perro Viejo · límites reales de la libertad individual
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Son doctrinas opuestas y antagónicas35%
Comparten raíz materialista y económico30%
Todo el mal viene del liberalismo20%
El problema es el Estado, no la ideología15%
📌 DATOS
El podcast de referencia se extiende durante aproximadamente 2-3 horas, con un corte citado en 02:03:55
Se fecha en 1917 la revolución rusa que, según una de las corrientes, desvió la filosofía marxista
El encuentro del que parte la discusión se fecha el 31 de agosto
❓ PREGUNTAS FRECUENTES
¿Qué es el derecho consuetudinario y por qué se discute si cabe por escrito?
Es el conjunto de normas que no nacen de un legislador, sino de la práctica repetida y asumida por una comunidad: la costumbre manda por sí sola. La polémica surge cuando se pretende elevar esa costumbre a texto escrito, porque entonces se fija y se interpreta, y deja de ser puramente consuetudinaria.
📅 EVOLUCIÓN
31 de agostoSe publica el podcast que fija la tesis de partida: liberalismo y marxismo compartirían raíz y fines
Fase inicialLa mayoría de las réplicas rechaza el paralelismo y recuerda que los primeros liberales defendían derecho natural, igualdad ante la ley y límites al poder
Fase intermediaEl eje se desplaza a la teoría económica: se sostiene que Marx tomó de Adam Smith la base de su teoría de la explotación
Fase intermediaIrrumpe el debate sobre el origen del marxismo y la tesis de que 1917 lo desvirtuó
Fase finalEl foco pasa al orden político: asambleísmo, derecho consuetudinario frente a ley escrita y crítica a la ley natural
▶ VÍDEOS
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
✓El desarrollo completo del paralelismo económico: cómo se encadena la teoría del valor trabajo de Adam Smith con la plusvalía de Marx y qué papel juega la Escuela de Salamanca en medio
✓El proyecto asambleario expuesto con detalle y las objeciones concretas que recibe: qué se propone para el municipio, cómo se eligen los cargos y por qué se considera incompatible con el derecho consuetudinario
✓La tesis de que el marxismo cultural sería en realidad liberalismo radical, con ejemplos concretos de qué políticas se incluyen en esa etiqueta
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