«Un violador puede ser una buena persona»: la declaración que incendia las redes
«Un agresor sexual pot ser una bona persona, i això és duríssim. Des de la mirada feminista, a vegades costa d'acceptar.» La frase, pronunciada por la actriz y directora Leticia Dolera, ha desatado una polvareda de críticas que va mucho más allá de la anécdota. Dolera, conocida por su activismo feminista, planteó así una reflexión sobre la complejidad moral de los individuos: que alguien cometa un delito atroz no implica que carezca de cualquier rasgo positivo. Pero la formulación, en plena era de polarización, se ha interpretado como una defensa encubierta de los agresores.
¿Provocación calculada o reflexión torpe?
La mayoría de las reacciones, visibles en redes y foros, consideran que Dolera busca mantenerse en el foco mediático. «O es tonta o trata de crear polémica innecesaria para seguir en el candelero. Apuesto por lo segundo», resume un comentario recurrente. La sospecha de oportunismo se mezcla con un hartazgo hacia un discurso que algunos califican de «hibristofilia»: la atracción hacia quienes han cometido crímenes violentos. «Se ha enamorado de un reo», ironizan. Otros, sin embargo, señalan que la idea de fondo no es descabellada: «Se puede ser un encanto en el trato cercano y al mismo tiempo un delincuente. Anda que no conozco gente así.»
El doble pensamiento del feminismo de Schrödinger
La crítica más afinada apunta a la contradicción interna del discurso: mientras se demoniza al hombre común —«todos los hombres son violadores en potencia»—, se pide indulgencia para los violadores reales. «El feminismo de Schrödinger: puede defender una cosa y la contraria en la misma frase si le da la gana», resumen los comentarios más afilados. El resultado es una narrativa que, según los analistas, criminaliza al inocente y excusa al culpable, generando un caldo de cultivo para la desconfianza.
Con estos mimbres, la declaración de Dolera no es tanto un debate sobre la moralidad de los delincuentes como un síntoma del agotamiento del relato feminista dominante. La pregunta queda en el aire: ¿puede alguien ser a la vez un violador y una buena persona? Las respuestas, como los comentarios, no hacen sino reflejar la fractura social.
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