Lentejas premium plus ultra: la etiqueta que promete y no da
El eslogan “premium plus ultra” sugiere un salto cualitativo sin precedentes. La realidad, para muchos consumidores, es otra: un producto básico con un envoltorio caro y una ejecución que no está a la altura. La queja no es nueva: cuando algo se anuncia como superior y no lo parece, la decepción es inmediata. En el ámbito de la alimentación, el término “premium” se ha devaluado hasta convertirse en un comodín publicitario.
Quien ha probado unas lentejas gourmet sabe que el precio no siempre se traduce en sabor. La crítica más repetida apunta a la inconsistencia: se paga un sobrecoste por la etiqueta, pero el producto final se parece más a un plato improvisado que a una elaboración de autor. “No das lo que prometes” es la conclusión de una corriente de opinión cada vez más escéptica con las marcas blancas de gama alta.
Las cadenas de supermercados han multiplicado sus líneas “premium” de legumbres, conservas y platos preparados. La diferencia de precio respecto a la gama estándar puede ser notable, pero el valor percibido no siempre acompaña. Algunos análisis sugieren que el consumidor paga más por el envase y el storytelling que por el contenido del envase. Si la tendencia se mantiene, el siguiente paso será el “ultra premium”, con una burbuja de precios que estallará cuando el comprador decida que ya basta.
La ironía es que el propio término “plus ultra” evoca excelencia, pero en la práctica se ha convertido en un meme para describir lo exagerado e insatisfactorio. Quizá la próxima revolución gastronómica no venga de un ingrediente exótico, sino de la honestidad: llamar a las cosas por su nombre y cobrar por lo que de verdad se entrega. Mientras tanto, el escepticismo seguirá creciendo.