Leer cómics resta más atractivo que las apuestas o la marihuana
¿De verdad una mujer prefiere a un ludópata antes que a un lector de tebeos? Eso es lo que se desprende de una encuesta que circula por redes y que ha reventado el debate: entre los hábitos masculinos peor valorados,
leer cómics aparece como el gran lastre, por delante de las apuestas, la pornografía o fumar marihuana. La lista, atribuida a una encuesta sobre atractivo masculino, coloca a quien se engancha a los tebeos en el fondo del ranking, muy por debajo de quien sale de antros o bebe alcohol. El dato, difundido en redes sociales, ha generado una tormenta de réplicas y una sospecha inmediata:
¿es real o es un montaje?
La discusión arranca con una advertencia lingüística. Expresiones como «salir de antro» o «puros» no son de uso común en España, lo que hizo pensar en un estudio traducido o directamente inventado. Sin embargo, la imagen original de la encuesta —que muestra el porcentaje de mujeres que respondió «atractivo» a cada actividad— apunta a que el sondeo existe. Y ahí llega el giro:
al 33% de las mujeres le parece atractivo que un hombre sea aficionado a los cómics, una cifra que, leída en positivo, no es precisamente un desprecio.
El dato que desmonta el relato
La tabla original mide el porcentaje de respuestas «atractivo» por actividad, no el rechazo. Ese matiz cambia por completo la interpretación: un tercio de las encuestadas no ve problema en que su pareja lea tebeos. El problema es que el titular que ha corrido por redes presenta el dato invertido, como si el cómic fuera el peor vicio imaginable.
La confusión entre «menos atractivo» y «poco atractivo» está en el origen de todo el incendio.
Aun así, la comparación con otras actividades sigue siendo llamativa. Que leer cómics quede por debajo de las apuestas o de fumar marihuana resulta, cuanto menos, contraintuitivo. Hay quien sostiene que la encuesta mide más lo que las mujeres comparten con el mundo masculino que lo que les resulta atractivo. Y hay quien directamente cree que mienten cuando dicen que el alcohol tampoco les parece interesante.
¿Por qué se asocia el cómic a la adolescencia?
El prejuicio tiene raíces culturales. Durante décadas, el cómic se ha asociado a un público infantil y adolescente, cuando en realidad es un medio con obras dirigidas a adultos.
Hay cómics que no tienen nada de infantiles, desde adaptaciones de novelas hasta series gráficas con temáticas propias de la madurez. La confusión entre tebeo y cómic, o entre cómic y animación, sigue pesando.
La controversia sobre si el cómic es un arte o un entretenimiento menor no es nueva. Algunos opinan que tras la adolescencia conviene dejar de ser un crío y que las novelas bastan para elaborar imágenes mentales. Otros recuerdan que hay obras gráficas que exigen más atención que muchos libros.
El debate sobre qué es cultura y qué es frikismo nunca se cierra.
El doble rasero de los hobbies aceptados
La discusión deriva pronto hacia el doble rasero. Ver programas de marujeo, seguir el fútbol o aprenderse las alineaciones de un equipo son actividades socialmente aceptadas, mientras que leer cómics se tilda de raro.
Todos somos frikis en algo; la diferencia está en si esa afición está normalizada o no. Lo que se acepta como normal no es más que lo que la mayoría hace.
El caso de los videojuegos es el ejemplo más citado. Hace años eran cosa de niños raros; hoy los juegan millones de personas, incluidas muchas mujeres. Si el cómic siguiera ese camino, el estigma se diluiría. La pregunta es si el cambio vendrá por moda o por convicción.
Adicciones reales frente a aficiones inofensivas
El contraste más incómodo es el que enfrenta el cómic con las adicciones de verdad. Un ludópata, un drogadicto o alguien enganchado a la pornografía generan problemas objetivos: deuda, dependencia, deterioro de la convivencia.
Un lector de cómics, en principio, no rompe nada. Que aparezca peor valorado dice más de los prejuicios que de los riesgos.
Hay quien apunta a un factor psicológico: la idea de reparar lo irreparable. Una mujer puede aguantar años junto a alguien con problemas de juego o drogas, pero cortar a las primeras de cambio con un aficionado a los tebeos. El morbo de intentar arreglar al que falla frente al aburrimiento que produce el que no da problemas.
La lógica, desde luego, no es económica.
El origen del sondeo y la sombra de la manipulación
La desconfianza sobre la encuesta no es gratuita. El uso de expresiones ajenas al español de España, la franja horaria del programa que la difundió y la propia formulación de las preguntas alimentan la sospecha de ingeniería social.
Hay quien ve en la lista un intento de reeducar gustos más que una medición neutral.
También hay quien recuerda que las encuestas sobre atractivo son siempre resbaladizas: lo que se declara no siempre coincide con lo que se hace. La brecha entre lo que se dice valorar y lo que se elige en la práctica es un clásico de la sociología. Y en temas de pareja, más.
Al final, la conclusión más honesta es la de siempre: si eliges tus aficiones según lo que puntúen en una encuesta, acabarás sin aficiones y sin encuesta que te salve.
Los cómics seguirán ahí, y quien los lea, también.