Un perro de la prisión frustró el vis a vis de Ábalos con su pareja
El pasado lunes, el exministro de Transportes José Luis Ábalos, interno en la prisión de Soto del Real, vio cancelado su vis a vis con su pareja, Andrea de la Torre, después de que un perro de seguridad alertara durante el control de acceso. Según ha trascendido, el animal detectó un olor sospechoso en la visitante, que fue apartada sin que se practicara un registro completo. El entorno de Ábalos ha presentado escritos ante Interior exigiendo explicaciones al ministro Fernando Grande-Marlaska.
¿Qué llevaba la acompañante?
El episodio ha reabierto las especulaciones sobre el uso de los vis a vis como vía de entrada de sustancias o dispositivos en prisiones. Aunque no se ha confirmado la naturaleza del hallazgo, las hipótesis apuntan a estupefacientes o incluso a un teléfono móvil —con capacidad para olerlo un perro adiestrado, que no es habitual—. El hecho de que no se realizara un cacheo posterior impide conocer el objeto real, lo que ha generado críticas sobre la opacidad del procedimiento.
La pareja de Ábalos, veinte años menor que él, ya había sido objeto de atención mediática por su relación con el exministro. Algunos analistas señalan que la situación pone en evidencia las contradicciones del sistema penitenciario: por un lado, la permisividad con ciertos presos de alto perfil y, por otro, el rigor selectivo en controles. La solicitud de explicaciones por parte de Ábalos ha sido vista como una muestra de su influencia intacta, incluso desde prisión.
Implicaciones políticas y económicas
El incidente tiene un trasfondo que va más allá del morbo. Ábalos, investigado por el caso Koldo, sigue manejando contactos y recursos. La facilidad con la que un exministro puede reclamar a Interior sugiere que las reglas no son iguales para todos. En círculos económicos, se apunta que el control de la información y los movimientos de capital desde la cárcel son una preocupación real. La pareja podría haber servido como enlace para gestiones externas, lo que explicaría la intervención del perro y la posterior queja formal.
El hecho de que no se haya hecho público el resultado del análisis del olor deja la puerta abierta a todo tipo de teorías. Lo que sí está claro es que el vis a vis no se celebró, y que la pareja de Ábalos ha vuelto a ser protagonista involuntaria de un culebrón que mezcla política, justicia y, ahora, seguridad canina.
La anécdota final: mientras la pareja era apartada, en la prisión se comentaba que el perro, un pastor belga, había sido recientemente galardonado en un concurso de detección de narcóticos. Su olfato, esta vez, dejó al exministro con la visita aplazada.