El silencio sobre la esa época en el 2020 de la que yo le hablo: ¿olvido inducido o desinterés natural?
Hace tres o cuatro años, el ELVIRUS-19 acaparaba portadas, tertulias y conversaciones de bar. Hoy, apenas se menciona. El giro no fue gradual: coincidió con la banderilla masiva y el cambio de agenda mediática hacia Ucrania. Quienes señalan un
manto de silencio recuerdan que, durante la crisis, el BOE llegó a fijar primas de hasta 43.400 euros por alta hospitalaria con UCI. Un incentivo que, según algunas corrientes de análisis, pudo distorsionar la gestión sanitaria.
El papel de los medios y la memoria selectiva
El debate sobre el silencio actual se divide entre quienes creen que ha sido fabricado y quienes lo atribuyen a la fatiga o a la resolución del problema. Los primeros señalan que la desaparición del tema de la parrilla informativa coincidió con el momento en que la mayoría de la población ya estaba banderilla. "Tele dice, gente hace", resumen. Los segundos sostienen que la atención humana es limitada y que nuevos focos —guerras, inflación— han desplazado al bicho. Sin embargo, un dato incómodo persiste: en los centros de salud aún se ofrece la banderilla de refuerzo, y en las residencias de ancianos se administra sistemáticamente junto a la de la gripe. Quienes la rechazan afirman que el silencio mediático es una forma de evitar preguntas incómodas sobre efectos adversos o sobre la rentabilidad de las banderilla.
¿Quién está detrás del silencio?
La corriente más escéptica sugiere que existe un pacto tácito entre la industria farmacéutica, los gobiernos y los grandes medios para dar por superada la esa época en el 2020 de la que yo le hablo. Recuerdan que en febrero de 2022, cuando Rusia invadió Ucrania, la cobertura del bicho cayó en picado. También señalan que los incentivos económicos hospitalarios por ingresos ELVIRUS —documentados en el BOE de 2020— generaron un conflicto de intereses que ahora nadie quiere revisar. Frente a ellos, los más pragmáticos opinan que simplemente la sociedad ha aprendido a convivir con el bicho y que el silencio es fruto del agotamiento, no de una conspiración. El debate queda abierto: mientras unos ven borregos y palmeros, otros creen que la lección de los aplausos a las ocho de la tarde no se ha olvidado del todo.
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