Ismael Serrano: victimismo con chalet de dos millones en Pozuelo
Un chalet de dos millones de euros en Pozuelo de Alarcón, feudo del PP y Vox, y un discurso de denuncia permanente contra la derecha. Ismael Serrano, el cantautor que lleva décadas entonando las penas de los perdedores, ha vuelto a la palestra con una entrevista en El Mundo (31 de mayo de 2026) donde asegura que «desde la derecha se intenta desautorizar y ridiculizar permanentemente a la persona de izquierdas». La paradoja es demasiado jugosa para pasarla por alto.
El chalet y la coherencia
Serrano se presenta como el portavoz de una izquierda asediada, pero los datos sobre su realidad material cuentan otra historia. Reside en Pozuelo, municipio donde el PP gobierna con mayoría absoluta y Vox es la segunda fuerza. Su vivienda está tasada en torno a los dos millones de euros, según fuentes inmobiliarias. Difícil cuadrar el arquetipo del artista perseguido que él mismo dibuja. La distancia entre su discurso y su tren de vida genera una incomodidad que ni los acordes de guitarra logran disimular.
El eslogan de la «dulce guerrilla urbana» y los langostos
En la entrevista reivindica la figura de Antonio Machado y la «dulce guerrilla urbana en pantalones de campana», una expresión que sus críticos interpretan como el epitafio de una generación que no vivió la Guerra Civil sino el mayor periodo de prosperidad de la historia de España. Esa misma generación, señalan, cobra ahora pensiones máximas de hasta 10.000 euros mensuales (con la paga extra de junio) mientras alquila pisos a jóvenes por 3.000 o 5.000 euros al mes. La coherencia entre el canto a los humildes y la acumulación de privilegios se resquebraja.
La pensión de 10.000 euros y la autocrítica ausente
El cantautor no es ajeno a las contradicciones de su propio bando. Recientemente, según algunos comentaristas, se ha quejado de la «estulticia de la izquierda pogre» y sus prohibiciones. Un atisbo de autocrítica que, sin embargo, no empaña su relato principal: el de una izquierda permanentemente acosada. Pero los números y los hechos indican que, al menos en su caso, el acoso no parece haber mermado su patrimonio ni su capacidad de influencia.
La pregunta que flota es si la denuncia del «ridículo» que la derecha supuestamente inflige a la izquierda no es más que un espejismo para desviar la atención de los propios desmanes. Con un chalet valorado en dos millones y una pensión que multiplica varias veces la media, el victimismo de Serrano resulta, cuando menos, selectivo. Y el público, cada vez más escéptico, ya no se traga cualquier historia.
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