Lavavajillas AEG Favorit: cuando el agua no circula y el charco no se va
El electrodoméstico responde, las luces se encienden, el motor se oye, pero el agua no llega a los brazos aspersores. Y en el fondo de la cubeta, un charco persistente de agua sucia del ciclo anterior. Este es el escenario clásico del AEG Favorit que ha llevado a más de uno a preguntarse si merece la pena la reparación o es hora de jubilarlo. El diagnóstico, contra lo que muchos creen, no siempre pasa por la bomba de desagüe o los filtros.
El charco que bloquea el llenado
El lavavajillas actual tiene un sistema de seguridad que impide la entrada de agua nueva si detecta que la cubeta no se ha vaciado completamente. Ese charco en el fondo activa un flotador o un presostato que corta la electroválvula de entrada. Por tanto, el primer síntoma —agua estancada— no es un fallo en sí mismo, sino la pista de que el desagüe no ha funcionado. Las causas pueden ir desde una simple obstrucción en la manguera de desagüe (un hueso de aceituna, un palillo, la grasa calcificada en la rejilla del sumidero) hasta una bomba de desagüe gripada o un motor quemado. Pero también hay un culpable frecuente y barato: el condensador de arranque de la bomba. Un componente de apenas 3 euros que, cuando falla, impide que el motor arranque. Es la primera bala de fogueo que un técnico experimentado recomienda comprobar con un multímetro antes de meterse en la placa.
El presostato y el micro de puerta: los fallos invisibles
Más sutil es el fallo del presostato diferencial de seguridad. En los modelos AEG Favorit de cierta gama, este componente de doble cámara puede dejar de detectar correctamente el nivel de agua, manteniendo la electroválvula cerrada. Otra posibilidad, a menudo olvidada, es el microinterruptor de la puerta. Si la goma del marco se ha endurecido y el pestillo no presiona lo suficiente, el lavavajillas cree que la puerta está abierta y no inicia el llenado. Una arandela de plástico en el alojamiento del micro puede resolverlo. Estos fallos, aunque parezcan menores, requieren un mínimo de habilidad con el polímetro y un poco de paciencia para acceder a la electrónica.
Electrónica o mecánica: ¿por dónde empezar?
Hay dos corrientes de pensamiento en el diagnóstico. Una, la más pragmática, apuesta por lo mecánico: comprobar la bomba de desagüe, limpiar filtros y mangueras, y si no, cambiar el condensador. La otra, más técnica, señala que los lavavajillas modernos tienen fallos endémicos en la placa base: pistas quemadas, fusibles rotos, o el propio presostato. Sin embargo, ambos bandos coinciden en que lo primero es verificar que el agua llega hasta la electroválvula: abrir el grifo, desenroscar el latiguillo y comprobar que sale agua a presión. Si no, el filtro del grifo o el AquaStop están obstruidos. Si el agua llega, entonces toca medir voltaje en la electroválvula durante el ciclo de llenado. Si no recibe corriente, el problema está antes (micro de puerta, presostato o placa).
La pregunta que queda en el aire es si el usuario original logró reparar su Favorit. El hilo se cerró sin una respuesta definitiva, pero la lección es clara: un lavavajillas que no echa agua no siempre es un problema caro. A veces, son tres euros y un destornillador.
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