Zapatillas barefoot: ¿revolución o cuento del tío?
En los últimos años, el calzado barefoot ha pasado de ser una rareza a un fenómeno de masas. Miles de personas aseguran haber eliminado dolores crónicos de rodilla, espalda y fascitis plantar tras abandonar las zapatillas convencionales. Pero, ¿hay base científica o es otra burbuja de consumo?
Los testimonios que invitan a creer
Una fractura de peroné en 2009 dejó secuelas que ningún fisioterapeuta logró resolver. Hasta que un amigo recomendó caminar descalzo en casa y usar calzado minimalista en la calle. «Mano de santo», resume el afectado. Otro caso: un usuario que arrastraba dolor continuo de rodilla, uñas encarnadas y molestias plantares desde antes de 2022. Compró unas Saguaro por 45€ y no ha vuelto a sufrir. «¿Es humo? Puede, pero en mi caso estoy contento», admite. Incluso quien odiaba el estilo acabó con 20 pares tras un regalo. La pauta se repite: tras una adaptación de semanas o meses, el pie se ensancha, los dedos se separan y las molestias desaparecen.
El proceso de adaptación: clave del éxito o del fracaso
Quienes han tenido éxito insisten en que no basta con calzarse y salir a andar. El pie, moldeado durante décadas por suelas gruesas y punteras estrechas, necesita una transición pogre. Varios usuarios recomiendan empezar por casa, luego recados cortos, y aumentar gradualmente. Durante ese periodo, pueden aparecer molestias en gemelos y tobillos. «No son para todo el mundo», advierte un veterano que camina descalzo desde niño. La alternativa, sugieren, son zapatos «respetuosos» con suela pero sin drop, antes de dar el salto total al barefoot.
La estética: el talón de Aquiles
El principal reparo no es científico, sino visual. «Son zapatillas bastante antiestéticas, tirando a august», concede un usuario que no las usa pero su muyer sí. Otro foro reconoce: «Con esos zapatos adefesios no se liga». Sin embargo, la balanza se inclina hacia la salud: «Mi salud es lo primero». Marcas como Vibram ya ofrecen modelos más cuidados por 100€, y las Saguaro chinas han mejorado su aspecto. El mercado evoluciona, pero la percepción estética sigue siendo una barrera.
Escepticismo y límites
No todo son loas. Hay quien lo califica de «gilipilada» comparable a los zapatos de suela redondeada de años atrás. Un podólogo consultado recomienda Asics o Salomón, no barefoot. Además, el suelo urbano (hormigón, asfalto) no es el terreno natural del pie humano. Los detractores señalan que para que funcione hay que cambiar la pisada, apoyando con el metatarso y no con el talón, algo antinatural en superficies duras. Tampoco valen para largas rutas de montaña con mochila pesada, como admite la propia ficha técnica de Decathlon.
Con tantos testimonios coincidentes, el barefoot parece más que una moda pasajera. Pero la adaptación es real y no exenta de riesgos si se hace mal. Mientras la podología no entre en la sanidad pública y los estudios a largo plazo sigan siendo escasos, cada cual tendrá que decidir si prefiere la ortodoncia del pie o la libertad de los dedos.
Este artículo no constituye consejo médico. Consulte a un especialista antes de cambiar su calzado.