Las ventas minoristas caen un 2,8% en octubre y encadenan cuatro meses a la baja
El comercio minorista español no levanta cabeza. Según el INE, las ventas en octubre de 2010 cayeron un 2,8% en términos constantes, la cuarta caída consecutiva desde la efímera subida del 0,9% registrada en junio. El empleo en el sector también retrocedió un 0,9%. Solo las grandes cadenas aguantaron con un leve aumento del 0,7%, mientras las pequeñas tiendas y empresas unilocalizadas siguen sufriendo.
Detrás de los números hay una historia de desconfianza y ajuste forzado. La subida del IVA en julio (del 16% al 18%) actuó como catalizador: junio fue el último mes positivo, justo antes del cambio fiscal. Desde entonces, la pendiente se acentúa. Los hogares, golpeados por el paro y el miedo a perder el empleo, han recortado el gasto en todo lo prescindible.
La espiral del consumo: de la necesidad al miedo
Lo que empezó como un ajuste necesario se ha convertido en un bucle que se retroalimenta. Quienes aún tienen trabajo no se fían de conservarlo. El resultado es una contracción del consumo que, a su vez, destruye más empleo en el comercio. No es una mera cuestión de precios: es un colapso de la confianza. El dato más llamativo es que la caída se acelera: de tasas del entorno del -2% en meses anteriores se pasa al -2,8% en octubre.
Una corriente minoritaria, no obstante, sostiene que este desplome es la purga necesaria. La economía española había alimentado el consumo con crédito externo, generando un enorme déficit por cuenta corriente. Para reequilibrarse, el ahorro debe imponerse al gasto. Sin embargo, el coste social es inmediato: cierres de pequeños comercios y más paro.
El IVA como acelerador
La correlación es imposible de ignorar. El timing de la subida del IVA coincide con el fin de las tasas positivas. El Gobierno subió impuestos y la respuesta del consumo fue exactamente la prevista: contracción. No hubo plan B. Y las previsiones para noviembre apuntan a una caída todavía mayor.
Con un mercado laboral debilitado y una desconfianza generalizada, el comercio minorista se adentra en el peor tramo del año, justo cuando las compras navideñas deberían compensar. Pero este año, las luces no bastan.
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