Una pareja británica denuncia el robo de 70.000 euros en su coche en Bilbao
Una pareja británica denuncia que le han desvalijado el coche en un aparcamiento de Bilbao y que el botín asciende a 70.000 euros. La cifra no es dinero en efectivo: es la valoración que ellos mismos hacen del equipo especializado de la empresa de él, los pen drives con software de motor a medida y las joyas familiares de ella. Con el pasaporte y las tarjetas dentro del vehículo, la vuelta al Reino Unido se complica y han abierto una campaña de recaudación para costearla.
El relato, difundido por medios británicos y recogido en España, ha generado un rechazo casi unánime. No por el robo, que se da por probable, sino por la acumulación de detalles que no encajan:
todo el taller, todo el negocio y las joyas de la abuela viajando en el maletero de un coche aparcado en un parking vigilado.
¿Quién se lleva 70.000 euros de herramientas de vacaciones?
La primera pregunta que surge es de sentido común. Un turista lleva ropa, cámara y poco más. Esta pareja llevaba, según su propio relato,
equipos especializados para coches, software de motor personalizado y joyas de una madre fallecida. La explicación que dan es que no querían dejarlo en su casa del Reino Unido por miedo a que se lo robaran allí. El argumento tiene un problema: convierte el coche en una caja fuerte portátil a la vista de cualquiera.
Hay quien sostiene que la historia está inflada para cobrar el seguro. La cifra de 70.000 euros no la certifica ninguna autoridad:
la pone él. En el material original se detalla que el valor del equipo asciende a unas 55.000 libras, una cantidad que, como señala un participante, «lo dice él». Sin tasación independiente, sin denuncia que cuantifique el daño y con una campaña de donaciones abierta en paralelo, la sospecha se instala sola.
El parking vigilado que no vigila nada
El segundo frente es el lugar. Un aparcamiento con cámaras y control de acceso debería ser el sitio más seguro para dejar un coche. La experiencia dice lo contrario. Los parkings subterráneos son, a determinadas horas,
cuevas oscuras y aisladas donde no hay nadie mirando las pantallas. Tener cámaras no equivale a tener a alguien revisándolas en tiempo real. Y si el robo se produce en un espacio cerrado, la salida con un portátil bajo el brazo es más fácil de lo que parece.
La pregunta derivada es incómoda: si pagas por un aparcamiento vigilado y te roban, ¿responde la empresa? La respuesta habitual es que no. El contrato de estacionamiento cubre la custodia del vehículo, no de su contenido. Es una cláusula que casi nadie lee y que deja al usuario con una mano delante y otra detrás.
Pasaporte, tarjetas y joyas: el manual del viajero incumplido
Hay una norma básica que cualquier viajero con experiencia repite:
el pasaporte no se deja nunca en el coche. Ni las tarjetas. Ni las joyas. La pareja incumplió las tres. El resultado es que, tras el robo, se quedaron sin documentación para volver a su país y sin acceso inmediato a su dinero. Eso explica la campaña de recaudación, pero también alimenta las dudas sobre la verosimilitud del conjunto.
El contraste entre el nivel de vida que se les supone y la elección de alojamiento también chirría. Si tienes 70.000 euros en equipo y joyas, ¿por qué no duermes en un hotel con seguridad privada y dejas el coche en un garaje cerrado con conserje? La respuesta que dan no convence a casi nadie.
La sombra de las estafas al seguro
No es la primera vez que se sospecha de un montaje. En el imaginario colectivo español pesan los precedentes de turistas británicos que denunciaron robos o agresiones para cobrar seguros de viaje o universitarios. La comparación es inevitable y, aunque no prueba nada, condiciona la lectura.
La investigación policial sigue abierta. Hay un dato que apunta a que el robo existió: el uso de una tarjeta robada en una tienda, donde al parecer identificaron al autor. Eso no valida la cifra.
El robo parece cierto; el montante es cosa de inflar.
Qué se puede hacer para no acabar así
El consenso entre viajeros experimentados es claro. No dejar nada de valor en el coche, ni siquiera en el maletero. Si hay que cargar el vehículo, hacerlo en un sitio distinto al que se va a aparcar y no abrir el maletero al llegar. Aparcar en una calle con vecinos, no en un descampado de las afueras. Llevar la documentación y el dinero encima, en bolsillos con cremallera. Y desconfiar de la palabra «vigilado».
La historia tiene todos los ingredientes para quedarse sin resolución pública. La pareja volverá a casa, la campaña recaudará algo y el seguro, si lo hay, decidirá. Mientras, el episodio deja una lección que no necesita 70.000 euros para entenderse:
el coche no es una caja fuerte, por muy vigilado que esté el parking.