El coste de tener pareja: cuando ella solo pide dinero
¿Vale la pena mantener una relación en la que la otra persona solo parece interesada en tu cartera? A juzgar por el debate que ha surgido, la respuesta para muchos es un rotundo no. La mayoría no ve solución más allá de cortar por lo sano: «a tomar por culo y puerta», que viene a ser el consejo más repetido.
Hay quien propone poner límites financieros claros: decir que no a los caprichos, dividir gastos, crear un presupuesto fijo o proponer planes gratis. Pero la experiencia de quienes lo han intentado no invita al optimismo. Un hombre de 41 años cuenta que lleva aplicando esas reglas desde los 16 y hoy está solo. «Todas putas», remata, con la amargura de quien ha perdido la fe.
La cosa se pone más cruda cuando se menciona a una psicóloga que, según otro comentario, afirma que en España no hay más parejas porque los hombres son muy malos. La ironía es evidente: si ellos son malos, ellas piden dinero. Y al final, el cinismo gana: «desde que el mundo es mundo, un coño tierno cotiza incluso en el infierno». Es decir, siempre habrá quien pague.
El perfil del «paga-fantas» –el hombre que financia compañía a cambio de no estar solo– parece estar más extendido de lo que se cree. Algunos señalan que es una legión creciente. La pregunta que queda en el aire es si la solución pasa por endurecerse o por retirarse del juego. Por ahora, la opción mayoritaria es la segunda. Quizá sea la más barata.
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